De la autofrecuencia a la autogestión

Primer concierto post-pandemia en Castillos, por Fernando Tetes

El festival de música para asistir en auto que se realizó en Castillos se llamó Autofrecuencia y movió varios cimientos, aunque, tal vez, el que más se sacudió fue el suyo propio. La iniciativa –hacer el primer concierto con público presente en Uruguay- generó entrevistas y contactos no sólo de cabotaje sino también foráneos, al punto de que un móvil de América TV iba a llegar hasta Castillos para cubrir el evento para Argentina, lo que al final se pinchó, aunque no literalmente. Así que decenas de medios de Uruguay (de la capital y el Interior), sumados a algunos extranjeros, pusieron la mira en esta iniciativa que buscaba romper con este aislado presente.

El viernes de noche, Aguas Dulces estaba agitado. En la casa de Nico Molina, pizzas caseras mediante, estábamos escuchando soplar el viento y golpear el agua contra las paredes, mientras el Autofrecuencia iba cambiando de sede. Dudamos si se realizaría en el predio convenido, o en los estudios de la comunitaria Faro FM o de Esteña FM. “No, al final no va a estar tan feo, parece que se hace en la Sociedad Rural…”, fue la ilusión. El sábado de mañana, otra vez, cambio de planes. Supimos que, en los días previos, se habían realizado consultas con ASSE para confirmar que no podían concurrir motociclistas, y con URSEC (Unidad Reguladora de Servicios de Comunicaciones) para utilizar una frecuencia FM de una radio comunitaria para que se escuchara, fundamentalmente, a través de las radios de los autos que iban a estar presentes. Sin embargo, alguien denunció que se iba a mover un transmisor de lugar, entonces hubo que idear una fórmula para enlazar el sonido a través de Zoom, llevarlo hasta Faro FM y subirlo desde ahí. Una trenza de cuestiones a resolver para un recital de tres artistas, con público en sus autos, pero que marcaba un antes y un después en cuanto a la posibilidad de escuchar música en vivo en tiempos de Coronavirus.

El alerta meteorológico se encargó de que todo fuera bajo techo, sin público, pero en vivo por varios medios. Esa pintura amarilla en el mapa de Uruguay, que apenas cubría una parte de Rocha, justamente coloreaba Castillos. Ni más ni menos. Lo que no pudo cortar fueron las emociones del toque, el cruce de artistas subiendo y bajando del escenario, la colaboración solidaria de quienes no pudieron ingresar, pero igualmente fueron al Centro Cultural a dejar su alimento no perecedero. Porque Autofrecuencia cumplía tres fines: ser el primer recital en vivo después de la pandemia, celebrar los ocho años de vida del Centro Cultural 2 de mayo y recolectar alimentos para la gente más necesitada de la zona.

El recital se vio por televisión local, lo emitieron varias radios en vivo y habrá emisión en diferido (aprovecho a avisar que será el contenido de Escenarios de Emisora del Sur el sábado 30 a las 21), además de que se puede encontrar en redes sociales. Yo iba a tener el enorme placer de co conducirlo en vivo junto a Juan Eduardo Fernández, colega de Mañanas de Radio, en Esteña FM, pero lo sustituí por el no menos enorme placer de hacerlo desde el escenario, a dos metros de distancia, entrevistando, filmando y aplaudiendo en vivo a Nico Molina, Emma Ralph, Flor Núñez y Pindingo Pereyra. Pude vivir de cerca los nervios del sonido, de las pruebas, de ir al aire en directo, y las increíbles emociones del saludo del hermano de Flor mirando desde Londres, de amigos de Pindingo reunidos frente a la compu en Barcelona, o de hinchas de Nico escribiendo desde Argentina. También pude experimentar el sentimiento de vacío al final de cada canción, con apenas un ramillete de aplausos de los técnicos que estaban en la sala. De todos modos, esa pequeña tristeza no se compara con la alegría que causaba el saludo de los abuelos pidiendo otra a través de Facebook o Whatsapp. La “nueva normalidad” virtual, de la que he formado parte desde este lado del monitor, se hizo realidad al vivirla desde el otro lado, o, mejor dicho, desde al lado. ¿Entrevistar en vivo? ¿Pedir otra? ¿Alcanzarle la línea de la guitarra? ¿Estirar la conducción mientras todo quedaba preparado para el siguiente artista? Todo eso, tan natural cuando la normalidad era normal, este sábado fue casi como una acción de debutante absoluto.

El final contó con un gran pero reducido aplauso y saludo de codo con los artistas, los técnicos, Christian Silvera (director del CC 2 de mayo), Flora Veró, directora de cultura de la Intendencia de Rocha, autoridades del municipio de Castillos y poca gente más. Seguramente este modelo de recital en vivo, mientras se afinan protocolos para retornar a las salas, se pueda replicar en otros centros culturales, o al menos es la intención que manejan las autoridades de Rocha. Es que, más allá de formalidades y cuidados, Castillos tuvo su festival y, al menos por un rato, fuimos felices mirándonos y escuchándonos como antes. Fue a sala vacía y no con las personas en autos, fue igual de virtual y solidario que otras acciones, pero permitió que, al final, Flor Núñez se subiera a cantar “En tu imagen” con Pindingo, y él, a su vez, le hiciera el dos en “¿Qué planes tienes para el sábado?”

Como dice Microsoft, por un momento fuimos hasta el punto de restauración de Windows, hasta ese último instante en el que todo funcionaba bien antes del quiebre. Sin alcohol, sin barra, sin puestos de comida, el brindis final fue un un choque entre “sarnosos”, los bizcochos originales de la zona que solo se compran en la Panadería 33 de Castillos.

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