MILONGAS EXTREMAS – “El Mismo Cielo”

Portada El Mismo Cielo - Milongas Extreamas

Escribe Claudio Kleiman .

Creo haber conocido  a Milongas Extremas en el Festival El Mapa de todos, en Porto Alegre. Corría el año 2015. La idea de propiciar la hermandad latinoamericana a través de la música – especialmente de bandas emergentes – que animaba el Festival (cuyo nombre está inspirado en una canción de Daniel Viglietti), cobraba pleno sentido. Un argentino, descubriendo una banda uruguaya en una ciudad brasilera. La cuestión es que, más allá del contexto, me hice fan de ellos.

Su música, y el sentimiento que volcaban en ella, conmovía (y lo sigue haciendo), mis fibras más profundas. Desde entonces, los fui a ver todas las veces que pude, tanto en Montevideo como en Buenos Aires, donde además, los invité a que vinieran a tocar en vivo en el programa de radio que comparto con Alfredo Rosso. Y siempre el sentimiento fue el mismo.

Era como si el grupo llevara a la práctica, y corporizara en un escenario, muchos de mis amores e influencias musicales más profundas (aún cuando en algunos casos ellos no fueran conscientes, o directamente no los conocían). La imagen más obvia sería imaginarse un Alfredo Zitarrosa con una cresta punk. Pero había mucho más. En sus canciones sentía vibrar muchas vertientes de la música uruguaya, desde Viglietti, el Sabalero y Los Olimareños hasta la milonga rock de Dino, la fina melancolía poética de Darnauchauns, los experimentos de Lazaroff y Los Que Iban Cantando, los ineludibles Mateo y Jaime Roos. Pero también muchas otras cosas, el cuarteto de guitarras de Roberto Grela, de este lado del Plata, el punk español y el rock radical vasco (no solamente Extremoduro), y muchas músicas con guitarras crudas, que exigen al máximo el instrumento hasta darle un carácter casi percusivo, como el flamenco más visceral y el blues rural de Charley Patton y Son House. También me resultó muy natural su acercamiento en Argentina a la Fernández Fierro, quienes comparten la idea de dotar al género elegido (el tango, en el caso de la FF), de una energía y agresividad muy rockera. Los crescendos guitarrísticos con que suelen llevar los temas hacia climax casi paroxísticos me recordaban a los “rave-up” de los Yardbirds (grupo pionero del r&b británico por el que pasaron Eric Clapton y Jeff Beck), que aceleraban los tempos al final de algunos temas hasta llevarlos a un frenesí de energía eléctrica. Cuando les mencioné este paralelismo, ellos no los habían escuchado, lo cual en vez de decepcionarme, me hizo valorar más aún su originalidad.

Ahora Milongas Extremas presentan su tercer álbum de estudio, “El Mismo Cielo”, editado por Montevideo Music Group, y a mis oídos, suena como que cierran un círculo virtuoso. Un ciclo que comenzó en 2012 con el primer álbum, “Milongas Extremas”, que contenía sus versiones en clave milonguera – punk de los temas de la banda española Extremoduro, y continuó en 2016 con “Temprano”, donde pegaban el salto más difícil, y caían orgullosamente de pie. Demostraban que podían trasladar ese mismo estilo que habían alumbrado – reinventando casi milagrosamente las canciones de Extremoduro -, al ámbito de sus propias composiciones, que no sólo no sufrían, sino que se realzaban con la comparación. Y además, saldaban dos deudas. Una, con el enorme don Alfredo, con su magnífica versión de “De no olvidar”. Otra, con los Extremoduro, invitando al guitarrista Iñaki Antón en “Como quieras”.

Entonces, podríamos ver a “El Mismo Cielo” como la tercer parte de una trilogía, un álbum  que muestra una versión aumentada y mejorada de Milongas Extremas. Integrado en su totalidad por composiciones propias (excepto “Incendio”, de Agustín Silvera), fue producido por Iñaki Antón, guitarrista de Extremoduro y Platero y Tú, en su propio estudio en Bilbao, “La casa de Iñaki”. “Uoho”, como se lo conoce popularmente, también grabó, mezcló, masterizó y tocó guitarras y bajos.

Si bien se mantiene el característico espíritu y sonido milonguero, hay incursiones rockeras, rtimos latinos y aires folklóricos. También la instrumentación se amplía, incluyendo además de las eléctricas y bajos de Iñaki, a Gino Pavone en batería y percusión, María Cebolleta en coros y Joqin Salaverría en bajo. Como ellos mismos expresan, “a diferencia de los trabajos anteriores la sonoridad de éste no se encuentra limitada al sonido del cuarteto de guitarras, sino que la musicalidad de cada track trabaja en función a su contenido. Podemos encontrar tanto guitarras eléctricas y baterías como también charangos, cajón y contrabajos, entre otros”. Pero la variedad no está solo dada por la instrumentación. El hecho de tener cuatro voces y compositores – además de guitarristas – dentro del grupo, integrado por Francisco Stareczek, Matías Rodríguez, Paio Piñeyro y Santiago Martínez, le otorga a las canciones de Milongas Extremas una paleta tímbrica tan amplia como atractiva.

Si bien el aporte de Iñaki es fundamental como músico (vale la pena prestar atención a sus guitarras armonizadas en “Tenerte cerca” y “Los cocos”, dos de los temas más rockeros) y como productor (es notable el audio depurado de todo el disco, nítido y vibrante a la vez, con una calidez analógica que es perfecta para el sonido del grupo), la flecha se mueve en ambas direcciones, ya que los dos parecen enriquecidos con la experiencia.

En las canciones, encontramos unos Milongas Extremas que permanecen tan fieles a sí mismos como en sus comienzos, con la experiencia ganada con el tiempo y el camino recorridos. La profunda melancolía existencial que impregna temas como “La sal” y “La tibieza” hacen pensar en lo que podría haber escrito Zitarrosa si estuviera presente en 2020, y la genuina pureza de los sentimientos que se expresan en las bellas “La mejor parte”, “Papá” (difícil hablar del padre sin caer en la cursilería, pero lo consiguen), “Incendio”,  “Cuídame” parecen especialmente necesarias (y adecuadas) en estos tiempos.

Hablando de lo cual, las palabras de“Cuídame” (aunque compuesta con anterioridad) parecen resignificarse a la luz de la pandemia que azota al mundo. “Cuidame que el viento es tiempo,  cuídame que estoy sintiendo/ cuídame que el viento pega, y fácil me puedo romper/cuídate de la tormenta, que aunque pasa, siempre llega/ que la vida siempre es vida, y se escapa por arriba…”. Nunca como ahora se nos ha hecho tan presente que todos vivimos bajo el mismo cielo.

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