El viaje íntimo que propone el proyecto orquestal

El proyecto Orquesta Las Señoras se prepara para un concierto muy especial en el Planetario de Montevideo con «Una nueva Travesía», un homenaje al emblemático álbum de Estela Magnone, Mariana Ingold y Mayra Hugo. Charlamos con ellas sobre cómo surge esta reinterpretación de una obra fundamental de la música popular uruguaya, la elección de este espacio único y la vigencia de un disco que sigue inspirando a nuevas generaciones.

El 3 de diciembre se presentan en el Planetario con un homenaje a Ni un minuto más de dolor. ¿Cómo se gesta el proyecto Orquesta Las Señoras y por qué la decisión de homenajear a Travesía?

Este proyecto nace del amor por Travesía y por «Ni un minuto más de dolor», un disco que dejó una huella profunda y que sigue resonando con el paso del tiempo. Durante años, Aïdita Martínez – cantante y productora – guardó el deseo de visitar esas canciones desde otro paisaje sonoro, hasta que encontró en la Orquesta Las Señoras las intérpretes ideales para emprender ese viaje.

Con una trayectoria consolidada y un repertorio de gran sensibilidad, la Orquesta Las Señoras —integrada por piano, bandoneón, contrabajo, violines, viola y voces— asumió desde el inicio el desafío de repensar la instrumentación de estas canciones sin perder la esencia inconfundible e inalienable del álbum original. No se trata de reproducir un disco, sino de escucharlo otra vez: desarmar cuidadosamente su entramado para volver a tejerlo desde otra sonoridad, preservando intacto aquello que lo hace irrepetible, tarea a cargo de de Mayra Hernández – pianista – a través de sus arreglos. Una relectura que no busca reemplazar al original, sino dialogar con él, iluminar nuevos matices y dejar que sus canciones respiren en otra forma, sin perder la esencia que las convirtió en parte de la memoria de tantas personas.

¿Qué identificaron de interesante del Planetario para llevar adelante esta propuesta?

Desde el comienzo, el Planetario apareció como el escenario inevitable para este homenaje. Un espacio concebido para mirar el cielo antes que para albergar conciertos y que, sin embargo, ofrece algo difícil de encontrar: una disposición casi absoluta para la escucha y la contemplación.
La inmensidad de la bóveda, el diálogo entre imagen, sonido y oscuridad, nos invitó a imaginar una experiencia donde la música ocupa el centro de la escena, desplazando el foco de quienes la interpretan. Cada canción abre un paisaje, pero es en el mundo interior de cada oyente donde ese paisaje termina de tomar forma. Allí, la memoria, la emoción y la experiencia personal completan las imágenes.
Que esta obra encuentre su lugar en el Planetario es, para nosotras, la concreción de un sueño que durante mucho tiempo pareció improbable. Agradecemos profundamente la confianza y el acompañamiento del Planetario de Montevideo por hacer posible esta experiencia, permitiéndonos materializar lo que alguna vez parecía una utopía.

¿Cómo influyeron estas personalidades homenajeadas en sus vidas y de qué manera lograron trasladar esa huella a la propuesta del show?

Quienes conocen la trayectoria de las integrantes de Travesía pueden reconocer, de algún modo, un reflejo de ellas en cada una de nosotras. Cada una desarrolló una voz artística profundamente personal, con búsquedas estéticas diferentes, pero siempre poniendo la música y el encuentro entre las voces por encima de cualquier protagonismo individual. Esa manera de entender el hecho musical es, quizás, la herencia más valiosa que recibimos.
Estela Magnone y Mariana Ingold continuaron construyendo una obra inmensa desde caminos distintos, pero conservando el espíritu de libertad, sensibilidad y exploración que ya habitaba en Travesía. De hecho, es posible que las nuevas generaciones hayan conocido a estas artistas primero por su trabajo posterior y no por el proyecto del trío. Mayra Hugo, por su parte, llevó esa misma concepción de la música hacia otro territorio, convirtiéndola en una herramienta de cuidado y transformación a través de la musicoterapia.
Esa forma de comprender la música es también la que sostiene este espectáculo. Más que un homenaje, buscamos establecer un diálogo entre generaciones, reconociendo que las canciones siguen vivas porque continúan diciendo algo esencial. Creemos, como ellas, que la música es un espacio de encuentro, una forma de memoria compartida, un refugio y, muchas veces, una manera de sanar. Esa convicción es el hilo invisible que une sus trayectorias con las nuestras y que atraviesa toda la propuesta artística del show.

Para quienes tal vez no conozcan el proyecto o se acerquen por primera vez a esta música, ¿cómo les contarían qué va a pasar el 3 de diciembre en el Planetario para invitarlos a vivir la experiencia?

Lo primero que les diríamos es que vayan a la fuente: escuchen «Ni un minuto más de dolor». Hoy es un disco que puede descubrirse fácilmente en plataformas digitales y que además fue reeditado en vinilo por Ayuí en 2022. Es una obra que sigue conmoviendo y revelando nuevas capas con cada escucha.
Y después, los invitaríamos a venir al Planetario con los sentidos abiertos. El 3 de diciembre no proponemos solamente un concierto, sino una experiencia de escucha. Allí convivirán distintas historias: la de Travesía, la de las canciones, la de este nuevo arreglo para orquesta y la de cada persona que esté presente.
Las imágenes, la música y el espacio se entrelazarán para abrir un lugar donde cada quien pueda recordar, imaginar o descubrir algo propio. Porque creemos que las grandes canciones nunca se escuchan de la misma manera: cambian con el tiempo, dialogan con quien las recibe y terminan escribiendo una historia distinta en cada oyente.
Más que asistir a un homenaje, la invitación es a formar parte de él.

CARTELERA

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