Paisajes sonoros, vanguardia electrónica y la arquitectura del colapso.
Desde las coordenadas de la experimentación sonora sin concesiones, Lila Tirando a Violeta ha construido un catálogo que posiciona a Uruguay en la vanguardia electrónica internacional. Integrante de sellos clave como NAAFI e Hyperdub, la productora y diseñadora de sonido combina la crudeza de los ritmos de club con grabaciones de campo, texturas ambientales y rastros de la memoria latinoamericana. Tras el reconocimiento global de producciones como Limerencia, Desire Path y ACCELA, su álbum Dream of Snakes vuelve a tensionar la atmósfera abrumadora y la energía visceral del movimiento.
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Tus producciones combinan diseño de sonido, grabaciones de campo y ritmos de club de alta intensidad. Al trabajar dentro de la música experimental de vanguardia, donde los límites del formato canción se diluyen, ¿cómo identificás que una pieza ha encontrado su estado definitivo y está terminada?
Nunca parto de una fórmula fija para saberlo, pero con Dream of Snakes aprendí a confiar más en el cuerpo que en el concepto: cuando una pieza me hace querer moverme … bailar sola en mi cuarto o acompañarme en una caminata larga… siento que ahi encontró su forma. Antes trabajaba con álbumes conceptuales muy narrativos (Desire Path, Accela), donde la pieza estaba «terminada» cuando cerraba la historia. Acá quise soltar esa estructura: no quería empezar con un relato, quería que el sonido mismo fuera el relato. Entonces el final llega cuando el ritmo, la textura de campo y el diseño de sonido dejan de sentirse como capas superpuestas y empiezan a respirar como un solo organismo, cuando ya no puedo distinguir dónde termina una percusión procesada y dónde empieza un field recording.
En Dream of Snakes, tu último álbum, la sonoridad navega entre atmósferas ambientales introspectivas e impulsos rítmicos muy viscerales. ¿De qué manera dialogan en tu proceso de composición el instinto orgánico y la búsqueda metodológica del diseño de sonido para lograr esa tensión constante?
En este disco puse primera la intuición por sobre el método, algo nuevo después de dos álbumes muy conceptuales. Grababa a diario cuando vivía cerca del campo en Irlanda con mis Tascam, incluso usé hidrófonos improvisados con equipo de pesca magnética para captar sonidos acuáticos y metálicos. El diseño de sonido metódico entra recién ahí: estirando, granulando y procesando la percusión en Logic hasta que se funde con la naturaleza grabada …un platillo que muta en hojas, un synth que se confunde con el canto de un ñandú…. La tensión que se escucha es literalmente esa: lo orgánico capturado en el mundo real, reconstruido con una lógica de estudio y baile club.
Tus lanzamientos y sencillos poseen una identidad visual y estética sumamente cuidada, casi cinematográfica y surreal. ¿Cómo construís la narrativa gráfica de tus portadas, con qué artistas colaborás para materializar ese universo y en qué medida las artes visuales inspiran o guían la creación de tu música?
La narrativa gráfica la construyó hace años junto a Dario Alva, artista español que hizo las portadas de Accela y ahora de Dream of Snakes. Compartimos un gusto por el surrealismo, el arte flamenco y medieval, la cerámica, el anime y hasta las cartas de Yu-Gi-Oh o Pokemon. Desde Sentient (2019) vengo construyéndome como una especie de avatar, un mundo visual que se expande álbum a álbum…. portales, figuras recurrentes, mensajes ocultos… más que una portada aislada. En Dream of Snakes, la imagen central (una red de serpientes plateadas entrelazadas con tuberías que atraviesan el abdomen) dialoga directamente con la música: la digestión, la memoria enredada, lo íntimo. Las artes visuales no ilustran la música después de hecha: son parte del mismo proceso de world-building, y muchas veces una imagen o referencia estética define hacia dónde van mis temas.
Tu trabajo forma parte del catálogo de sellos globales como NAAFI e Hyperdub, referentes en la resignificación de la música electrónica contemporánea. ¿De qué otras fuentes o disciplinas —más allá de lo sonoro y lo visual— nutre Lila Tirando a Violeta sus referencias e inspiraciones conceptuales?
La literatura pesa mucho: el Finnegans Wake de Joyce fue clave para Accela y mucha literatura rioplatense como Oliverio Girondo, Julio Inverso, Idea Vilarino, Pizarnik son referencias que aparecen en mis letras frecuentemente.. y El cine también, sobre todo la filmografía de David Cronenberg… Videodrome en particular, con esa fusión entre cuerpo y máquina que terminé narrando en «New Flesh». Y después está la música que escucho fuera del tiempo: folclore, archivos experimentales, bandas sonoras, nombres como John Cale, Sylvia Meyer, Tim Buckley, Fad Gadget, Darnauchans, Brian Eno, Cocteau Twins. Trato de no escuchar mucha música contemporánea o electrónica mientras produzco, porque soy muy absorbente creativamente y eso me influye un montón.
A lo largo de tus trabajos, las grabaciones de campo y los matices latinoamericanos operan como una ancla frente a la frialdad sintética. ¿Qué rol juega el paisaje sonoro local o la identidad territorial al momento de construir mundos auditivos tan complejos?
Soy Uruguaya y vivi aca la mayor parte de mi vida, y esa influencia cultural, sonora, emocional, familiar… sigue siendo el centro de todo. Las grabaciones de campo …agua, viento, el canto de pájaros sampleados… funcionan como un ancla frente a lo sintético, pero no busco oponer «lo latinoamericano» a «lo electrónico»: más bien dejo que ambas identidades convivan y se muten una a la otra, como pasa con los ritmos bailables locales que aparecen deconstruidos entre mis canciones mas gabber y club.
Con el impacto y las repercusiones críticas que ha cosechado tu discografía en plataformas y medios especializados de todo el mundo, ¿hacia qué horizontes, colaboraciones o formatos de exploración sonora estás orientando tus próximos proyectos?
Estuve explorando música para cine y teatro, incluyendo aportes a la librería musical de Paramount Pictures y algunos scores, un terreno distinto que me está gustando mucho. También grabe un disco nuevo en colaboración con una artista Uruguaya que admiro mucho que sera anunciado en breves, y ya estoy garabateando ideas para lo que viene después. Como siempre, no tengo un plan cerrado: prefiero dejar que el instinto marque el rumbo.



