El próximo viernes 2 de octubre de 2026, la Sala Lazaroff será escenario de La madriguera de Alicia, el proyecto en formato trío integrado por Irene Porzio (teclados y voz), Lucía Gatti (violonchelo y voz) y Mauricio Ramos (percusión y voz). La propuesta invita a sumergirse en un universo musical donde la canción dialoga libremente con diversos géneros, transitando con fluidez desde las sutilezas del jazz hasta la fuerza rítmica del candombe y la música popular.
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¿Cómo nació La madriguera de Alicia, desde cuándo vienen haciendo presentaciones con esta formación y qué universo poético o sonoro buscaron construir en este encuentro en trío?
La madriguera de Alicia nació a comienzos de este año. Nos conocemos desde hace mucho tiempo, desde cuando estudiabamos en la Eum, pero nunca habíamos tocado los tres juntos. En verano nos juntamos a ensayar una canción que Lucía e Irene venían trabajando para grabar. El tema tenía una parte instrumental medio libre en el medio y nos pasábamos horas probando cosas, maravillados, perdiendo un poco la noción del tiempo. Se sentía como tirarse por la madriguera del conejo de Alicia. Fue tal el nivel de entendimiento musical y humano que quisimos seguir con otras canciones, propias e impropias. Se fue dando un espacio muy particular en el que nos sentimos muy cómodos para crear juntos. Los tres tenemos formación académica, a la vez nuestra experiencia musical está empapada por la música uruguaya y latinoamericana y tenemos gusto y curiosidad por buscar nuevas sonoridades. Hacemos mayormente canciones, con espacios para lo instrumental y secciones libres que contrastan con arreglos muy trabajados.
El proyecto habita una zona de cruce amplia entre el jazz, el candombe y la canción, combinando instrumentos como violonchelo, teclados y percusión. ¿De qué manera trabajan los arreglos para hilvanar géneros tan diversos y mantener una identidad propia?
Generalmente los arreglos los hacemos juntos y esa búsqueda nos lleva gran parte del ensayo. A veces lleva tiempo encontrar el arreglo que estamos buscando. Pasamos varios ensayos probando ideas para arreglar un tema o terminar de darle forma. Para algunas secciones instrumentales ponemos pautas y damos espacio a lo que pueda surgir en el momento de tocar.
En el formato las tres personas aportan tanto su instrumento como la voz. ¿Cómo fue la búsqueda de ese trabajo vocal a tres partes y cómo dialoga esa tímbrica con la acústica y cercanía de la Sala Lazaroff?
Para nosotres el canto fue algo que tomó mayor protagonismo en la medida en que los arreglos iban fluyendo y la voz empezó a aparecer como un elemento más del engranaje, no siempre con un rol guía. Por otro lado, hay algunas canciones en las que el texto y el decir son especialmente centrales,y ahí generalmente partimos de nuestras formas de cantar, que son bien distintas, y profundizamos en esa variedad más que en pretender una sonoridad de tipo coral.
La Sala Lazaroff nos parece ideal porque permite una escucha de muy alta calidad en un ambiente cálido, y eso se vuelve una madriguera ciudadana ideal para desplegar nuestros intentos de magia musical desde la cercanía.
Para quienes están leyendo esta nota y quieren descubrir la propuesta de La madriguera de Alicia el próximo 2 de octubre, ¿qué les dirían desde el trío para invitarles a formar parte de este viaje en vivo?
Les diríamos que sería un gusto contar con su complicidad para embarcarnos juntes en ese viaje. Nuestra música tiene mucho de juego e improvisación, a pesar de tener también muchas partes arregladas de manera más fija. Hay una combinación de esas formas de crear, y la verdad es que es en vivo cuando todo eso toma forma. Vamos a tocar composiciones de nosotres tres y arreglos recién salidos del horno de músicas de Mariana Ingold, Ernesto Diaz, Samantha Navarro y Pablo Milanes, además de alguna sorpresa.



