El cancionero y el arte de la guitarra criolla.
La música de raíz rioplatense se sostiene sobre una trama invisible de influencias, transmisiones orales y la complicidad de las cuerdas. La llegada del Cuarteto Yaguareté y el Dúo Cuerdabrava a la Sala Corchea propone un cruce donde el formato de ensamble de guitarras dialoga de igual a igual con el cancionero cantado. Un encuentro que indaga en la artesanía del arreglo instrumental, la vigencia de las formas folclóricas y esa particular poética del paisaje que habita a ambas orillas del río.
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El ensamble de guitarras criollas en el folclore rioplatense posee una historia rica en timbres, dinámicas y roles instrumentales. ¿De qué manera dialoga la propuesta del Cuarteto Yaguareté con esa tradición histórica de las cuerdas y qué búsquedas sonoras o arreglísticas definen el lenguaje actual del grupo?
Buscamos alcanzar el sonido de Zitarrosa, de Amalia de la Vega, Roberto Grela… Esa es la tradición que queremos continuar. Es lo más cercano para nosotros y a la vez un punto inalcanzable, pero tratamos de ser dignos de esa herencia y aportarle algo, en la medida que nos sea posible.
En el universo de la música de raíz, las colaboraciones nacen de afinidades estéticas y de un respeto compartido por la madera y el decir. ¿Qué puntos de contacto y qué contrastes identifican entre el trabajo instrumental de Yaguareté y la propuesta del Dúo Cuerdabrava para construir esta fecha compartida?
En ambos grupos tenemos gente apasionada por esa línea de la que hablábamos antes. La diferencia entre los dos es que el cuarteto está dedicado a lo que la gente llama comúnmente folclore y el dúo toca mucho tango. De todas maneras, son dos lados de una misma cosa.
Reinterpretar o componer desde los ritmos nativos implica siempre un equilibrio entre la memoria colectiva y la mirada propia. Al momento de abordar el repertorio, ¿cómo trabajan la tensión entre el respeto por las estructuras clásicas del género y la libertad de aportar nuevas texturas y arreglos contemporáneos?
Intentamos hacer algo nuevo sin salir de los límites que marca ese estilo que queremos lograr. Por ejemplo, hemos estrenado composiciones de Julio Cobelli, de Carlos Morales, y artistas menos conocidos, principalmente el Polilla Acosta, un cantautor del Chuy. También incluímos algunas composiciones nuestras.
Más allá de los escenarios y las presentaciones puntuales, ¿en qué momento creativo se encuentra el proyecto y cuáles son los próximos pasos o terrenos de exploración sonora en los que están trabajando hacia adelante?
Este año publicamos como colectivo tres libros de partituras centrados en las figuras de Julio Cobelli, Carlos Morales y Toto Méndez. Junto con ese trabajo sacamos un disco que lo acompaña, Ilusión de mi vida, con arreglos y temas nuevos de Cobelli. Nuestros conciertos actuales están centrados en ese repertorio. Y hace poco empezamos a grabar otro proyecto con versiones instrumentales de algunas canciones del cantor que nombramos antes, el Polilla Acosta. Ese va a ser nuestro horizonte los próximos meses.
Para la comunidad de lectores y oyentes que buscan conectar con una velada centrada en la guitarra, la canción y la identidad sonora de nuestra región, ¿qué universo de climas y emociones se van a encontrar al acercarse a este concierto?
Para nosotros esta música es rueda de guitarras, reuniones de amigos, recuerdos de maestros adorados. Juntarnos a tocar es una fiesta. La presentación en el escenario es una oportunidad de celebrar con más personas.



