Leandro Andrés: La hibridez entre lo analógico y lo digital

La hibridez entre lo analógico y lo digital en la mutación de una voz propia.

Tras doce años al frente de LoNaranjaDeLaLuz —proyecto fundamental con el que editó tres discos y cosechó la nominación a Mejor Álbum de Rock Alternativo en los Premios Graffiti 2023 por Enero en la Ciudad—, el compositor e intérprete uruguayo Leandro Andrés Itza inauguró una nueva etapa solista. Con el lanzamiento de Coraza Digital, el artista construye una propuesta híbrida que tensiona las guitarras orgánicas del indie folk y el rock alternativo con texturas de synthwave y electrónica. Un tránsito de reconstrucción conceptual donde lo íntimo y lo tecnológico se cruzan para revisar el pasado y redefinir el presente en el escenario.

https://www.instagram.com/leandroandresitza

Iniciar una etapa solista tras doce años al frente de LoNaranjaDeLaLuz implica un quiebre y una transformación importante. ¿En qué momento sentiste que la búsqueda conceptual y sonora que estabas madurando ya no pertenecía a la dinámica colectiva de una banda y requería llevar tu propio nombre?

Sin dudas implicó un quiebre al que le temí durante mucho tiempo. Siempre me rondaba la pregunta: “¿Qué va a ser de mi carrera si se termina LoNaranjaDeLaLuz?”. A partir de esa inquietud, entre otras cosas, decidí tomar cartas en el asunto y comencé a construir un proyecto con mi propio nombre, pensando inicialmente en tener una alternativa si las circunstancias me llevaban a hacer alguna fecha en solitario.

Al mismo tiempo, después del tercer disco de la banda, había comenzado un proceso muy introspectivo de búsqueda de nuevas canciones. Sentía que quería explorar un sonido todavía más alternativo del que habíamos logrado, con muchísimo trabajo, en ese último álbum de LoNaranjaDeLaLuz, que incluso fue nominado a los Premios Graffiti 2023 como Mejor Álbum de Rock Alternativo.

Cuando apareció la primera canción, decidí que el proceso creativo tenía que ser diferente.

Así que en lugar de llevarla a mis compañeros de banda, se la envié directamente a quien luego sería mi productor musical, Sebastián Peralta, con quién ya había conversado sobre la estética y el universo sonoro que quería construir.

Cuando escuché lo que Sebastián hizo con esa canción, entendí inmediatamente que tenía que seguir por ese camino. Esa canción (Coraza) terminó siendo la puerta de entrada a Coraza Digital y a la decisión de hacer mi primer disco solista.

La decisión fue muy movilizadora y también muy difícil de comunicar a mis compañeros. Con varios de ellos había compartido más de diez años de escenarios, ensayos y estudios de grabación. Por eso, más que una ruptura, para mí significó una transformación profunda: cerrar una etapa muy importante de mi vida artística para poder abrir otra y descubrir qué podía hacer cuando todas las decisiones creativas pasaban por mí.

Coraza Digital propone un diálogo constante entre lo analógico y lo electrónico, el indie folk y el synthwave. ¿Cómo abordaste el diseño de producción para lograr que la instrumentación orgánica y los paisajes sintéticos convivieran en un mismo universo?

¡Muy buena lectura! Y, por cierto, solo no hubiera logrado tal hazaña. Sebastián Peralta fue fundamental en el diseño sonoro del disco: creó todas las capas de sintetizadores, arpegiadores, percusiones digitales y beats, además de desarrollar los patrones rítmicos que posteriormente se grabarían con batería acústica en estudio.

El proceso partía de una maqueta que yo le enviaba únicamente con guitarra acústica y voz. A partir de ahí, Sebastián comenzaba a construir la arquitectura sonora de cada canción. Cuando esa primera producción estaba armada, me la devolvía para que yo continuara trabajando desde casa con las guitarras electroacústicas y eléctricas, voces y coros.

Ese ida y vuelta fue fundamental. Yo aportaba la canción, las guitarras, las voces y una determinada sensibilidad más orgánica, mientras Sebastián expandía ese material hacia un universo electrónico, creando capas, texturas y ritmos que convivían con instrumentos grabados de manera tradicional.

Creo que justamente de esa interacción nace el concepto de Coraza Digital. En mi generación de rockeros existe una discusión bastante fuerte alrededor de lo analógico y lo digital, y muchas veces parece que hay que elegir de qué lado estar. Yo decidí hacer una mixtura entre los dos mundos, aunque sabía que eso podía tener un costo.

De hecho, el disco fue leído por parte de esa generación como un disco “poco rockero”, demasiado editado o incluso excesivamente perfecto, justamente por su componente digital. Y, paradójicamente, esa reacción terminó reforzando todavía más el concepto del disco. No quería hacer un disco que defendiera lo analógico frente a lo digital, ni al revés: quería demostrarme que ambas cosas podían convivir dentro de una misma canción.

Creo que de esa tensión nace realmente Coraza Digital: de mezclar dos mundos que muchas veces se presentan como opuestos y encontrar mi propio lugar en el medio.

El concepto de «coraza digital» sugiere una reflexión sobre la vulnerabilidad, la tecnología y las formas en que nos vinculamos actualmente. ¿De qué manera atraviesan estos ejes temáticos las líricas de tu nuevo material y qué mirada tenés sobre la sobreexposición y el aislamiento contemporáneo?

En principio, la canción que abre el disco, “Coraza”, parte de algo muy íntimo: admitir cuando uno está mal y poder parar el mundo, levantar la mano y decir “estoy mal”, sin que nadie tenga derecho a juzgarnos por eso. Mientras el mundo de las redes muchas veces nos dice cómo tenemos que ser, cómo tenemos que mostrarnos y hasta cómo tenemos que ser felices, yo planteo justamente lo contrario: necesito ponerme una coraza para salir a ese mundo, pero por dentro estoy roto.

Después, creo que las letras más críticas con ese contexto aparecen en “Invisible”, que pone el foco en la distancia entre quienes vivimos atravesados por la ansiedad y las exigencias del mundo moderno y quienes están en situaciones de mucha mayor vulnerabilidad, incluso completamente alejados de ese mundo digital.

También está “Ya Me Fui de la Ciudad”, que propone, entre otras cosas, separar lo accesorio de lo sustantivo; y “Final”, que habla de lo difícil que puede ser encontrar una voz propia en medio de tantos preconceptos y discursos instalados: “falsas premisas solemos escuchar, dicen tantas mentiras”.

En definitiva, creo que todas esas canciones giran de alguna manera alrededor de la necesidad de encontrar algo verdadero en medio de un mundo cada vez más mediado por pantallas, expectativas y discursos ajenos. Y quizás la mejor respuesta a todo esto sea justamente proponer el encuentro de la música en vivo y creo que es algo que ya está sucediendo , más allá de todo, en Montevideo está pasando de todo y hay nuevas generaciones de artistas y bandas espectaculares y un circuito que lo dinamiza.

En tus presentaciones en vivo actuales convivís con las canciones de Coraza Digital y una cuidada selección del repertorio de LoNaranjaDeLaLuz. ¿Cómo reinterpretan hoy tus músicos actuales aquellas composiciones anteriores para que dialoguen de forma coherente con la estética electrónica del presente?

La estética electrónica en vivo la construimos a partir de secuencias. Toda la producción que hizo Sebastián Peralta —sintetizadores, arpegiadores, beats y percusiones digitales— sale desde la computadora, mientras que la banda toca en vivo la batería, el bajo, las guitarras eléctricas, las voces y los coros. De esa manera se genera en el escenario esa misma mixtura que buscábamos en el disco: dos mundos conviviendo en tiempo real.

Con las canciones de LoNaranjaDeLaLuz que forman parte del repertorio pasa algo similar.

No quisimos simplemente recuperar esas canciones tal como eran, sino llevarlas al universo sonoro actual. Las volvimos a producir junto a Sebastián Peralta, incorporando capas de sintetizadores y elementos electrónicos, por lo que también se interpretan con secuencias.

Eso permite que canciones que pertenecen a distintas etapas de mi recorrido puedan convivir dentro de un mismo show sin sentirse desconectadas. Hay canciones que tienen más de diez años y otras mucho más recientes, pero hoy todas dialogan con una misma estética y forman parte de un mismo repertorio.

En cuanto a los músicos que me acompañan, me siento afortunado porque hayan personas dispuestas a tocar mis canciones, estudiarlas previamente más el tiempo que se le dedica a los ensayos.

Como me sigue acompañando Emanuel Pons, baterista de LNDL, tenemos un trabajo hecho juntos que venimos tocando y produciendo juntos desde el 2019 , entonces, sonamos bastante parecido a LNDL , aquel Rock Pop potente para adelante, ahora con Santiago Bastón en bajo y Daniel García en guitarra y coros, más las secuencias , yo lo entiendo como una continuación de LNDL pero ahora seguramente nos llamemos “Leandro Andrés & Los Extraños” , de alguna manera, reconociendo la creación de una nueva banda.

En el circuito de salas independientes, como la fecha en Ducon o la preparación de tus próximos conciertos, la cercanía con el público juega un rol clave. ¿Cómo se traslada al escenario esa dualidad entre el universo introspectivo del disco y la potencia del show en directo?

Creo que compartir esa intimidad al interpretar las canciones es justamente lo que puede llegar a conectar. Poner en palabras, en música y también en lenguaje corporal esas sensaciones cotidianas que muchas veces nos generan impotencia, ansiedad, miedo o incertidumbre.

Construir colectivamente un espacio para ser. Un lugar donde durante un rato podamos reconocernos en esas emociones, compartirlas y entender que, aunque las canciones nazcan de una experiencia personal, muchas veces terminan convirtiéndose en historias donde todos podemos reconocernos.

Mirando hacia el horizonte de esta etapa solista en permanente transformación, ¿qué nuevos terrenos de exploración sonora o proyectos de grabación estás comenzando a maquetar para el futuro cercano?

En diciembre va a salir Carne Viva, un EP electroacústico con un mood más cercano al indie folk, que funciona como la parte B de Coraza Digital. Son cinco canciones nuevas más una versión electroacústica de “Coraza”, la canción que abre el disco.

Actualmente estamos terminando de producir y grabar ese material, que también fue presentado a los Premios Nacionales de Música. Me interesa que Carne Viva tenga una identidad propia, pero que al mismo tiempo pueda leerse como una continuación de Coraza Digital: si el primer disco exploraba mucho esa tensión entre lo orgánico y lo digital, este nuevo material se acerca más a la canción, a las guitarras y a una sonoridad más desnuda.

Y mientras terminamos ese proceso, seguimos llevando Coraza Digital al escenario. El próximo sábado 3 de octubre vamos a presentarnos en Ducón junto a Compost, celebrando el primer aniversario del disco. Las entradas se encuentran disponibles en Redtickets a $ 300

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