“Para mí un café con leche”

De giras y anécdotas. Por Álvaro Carballo

Fueron tres días de gira con Níquel y Pappo*. Mi cabeza de entonces pensó que guardaría anécdotas sobre recorrer la ruta 1 como si fuera la 66, y que viviría excesos dignos de una película que se llamara “Miedo y asco en la Interbalnearia”. Craso error. Lo más heavy fue que los plomos pasaron un rato en la seccional 5 por fumar un porro en Maldonado y Jackson a las 8 de la mañana. La frase que quedó para la historia fue “para mí un café con leche”.

La primera fecha fue un viernes en el Centro del Espectáculo de Punta del Este, una sala con alcurnia que terminó dinamitada en 2001. El único que tenía un celular -en moderno formato ladrillo- era el odontólogo y productor Claudio Picerno. A media tarde el aparato sonó con la suficiente insistencia como para que atendiera la llamada.

– El dueño de Viejo Jack nos invita a cenar mañana, dijo.

El Carpo hizo un gesto de desdén.

El bolichero llamó tres veces más ese día y una cuarta durante la prueba de sonido del sábado, en Zorba de Solymar. En todas rebotó. Antes del segundo show, la idea era hacer un asado en la casa de mi abuelo, que quedaba a una cuadra y media del antro.

A las 7 de la tarde sonó el celular una vez más. Picerno se rió y dijo:

– Qué hijo de puta, claro. Me dicen que puso un aviso en el diario que dice que vas a estar ahí**. Por eso está desesperado.

– Entonces vamos. Contestó Pappo, mientras se recostaba en un sillón. Y emitió un sonido gutural parecido a una risa.

A las 10 de la noche, la comitiva completa de la gira se presentó en Viejo Jack. Nos dieron un reservado al lado del escenario donde estaba tocando Hereford. El Chirola Martino le ofreció la viola al Carpo, que declinó.

– Tengo show en un rato.

Vino el mozo a tomar pedidos: unos 12 canadienses, 4 botellas de vino, un par de birras y coca para el nieto del chofer, que como tenía 11 años no podíamos dejarlo solo en el ómnibus.

– Para mí un café con leche, toco mejor con el estómago liviano. Dijo el argentino.

En aquella época, además, Pappo actuaba en Carola Cassini, una serie que protagonizaba con Araceli González. Si un extraterrestre no lo conocía por la música lo tenía de la televisión, así que, para evitar reconocimientos, se sentó, estratégicamente, de espaldas a los presentes. Solo giró la cabeza cuando terminamos los chivitos. Todos los pares de ojos lo enfocaron mientras agarró un sobre de azúcar y se puso a masticarlo sin abrirlo, al mismo tiempo que volcaba la taza en el buche. Terminó de tragar, dijo “ahh”, y otra vez la nuca a la platea.

En eso se arrima a la mesa el dueño del boliche y le dice que sería un honor que tocara algún tema.

– Es que tengo un show en un rato.

– Pero sería histórico para nosotros.

– Mirá, a la una tengo que tocar en, como se llama, Zorba. Me trató muy bien esa gente. No puedo fallar.

– No te digo un show entero, algún tema.

– Bueno, está bien. Toco tres temas, no canto y me pagás 500 dólares.

Silencio.

Estupefacción del propietario. Y todos rumbo a Solymar, incluidas las dos botellas de vino que no se habían llegado a abrir.

*Blues al sur, del 18 al 20 de julio de 1997. Centro del Espetáculo, Zorba de Solymar, La Factoría. El tercer show se acaba de editar por MMG.

**Nunca confirmamos el dato.

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