Canciones para no olvidar

Escribe: Iliana Da Silva

La memoria humana es fascinante: nos traiciona cuando intentamos encontrar un objeto y nos sorprende con un viaje al pasado cuando percibimos el aroma inesperado de un plato que nos hacía feliz en la infancia.

Los objetos que nos rodean contienen una infinidad de posibilidades para disparar nuestros más íntimos recuerdos.

En estos días, me tocó despedir a una querida amiga, que luchó durante meses contra un cáncer porfiado que la obligó a transitar por un camino no elegido y a ensayar su propia despedida de este mundo.

La pandemia, nos obligó al grupo de sus amigas más cercanas a reinventar nuestros encuentros, un grupo de whastapp, nos mantuvo unidas durante meses. El recuerdo del tiempo compartido, nos sirvió para aliviar el proceso de asumir el final, la muerte de un ser querido.

Durante meses, compartimos, fotos de momentos que queríamos preservar, audios con lecturas de libros, con mensajes de esperanza energizante para transitar el tiempo que nos quedaba juntas.

Sus canciones favoritas, eran un disparador diario, para desearle un buen día o un buenas noches.

De ese intercambio, empecé a descubrir, cantantes y géneros nuevos, que desconocía. Algunos, para bailar en la cocina otros para cantar bajo la ducha y no faltaron las sugerencias para arrimar los cuerpos.

Pasaron dos meses, de su muerte, y recién hoy pude volver a escuchar algunas de sus canciones favoritas que conectan con su recuerdo.

El día que decidió partir, ensayamos un concierto a demanda, en la habitación del hospital, mientras el suero empezaba a circular por sus venas para aliviar el dolor, la música invadía el espacio.

Nuestros cómplices, fueron Marta Sánchez y su Desesperada, Joaquín Sabina y Lo Niego Todo, Francis Andreu y sus tangos y no faltó algún reggaetón porque le gustaba mover su cuerpo.

Jamás hubiese imaginado, que esa sería nuestro último encuentro, entre risas canto y manos apretadas.

Hace unos días, con un grupo de amigos nos juntamos, en su lugar preferido, frente al Faro de Punta Carretas, para ensayar otra vez el mismo ritual, y sonaron sus canciones favoritas.

Esta historia personal, me llevo a reflexionar sobre las despedidas y los rituales, la conexiones con los recuerdos y el poder que tiene la música para sanar heridas.

Esta pandemia, nos está dejando muchos aprendizajes y la fragilidad  de los seres humanos, es uno de ellos, nos somos eternos, hay una final que está escrito pero tenemos la posibilidad de elegir como queremos que nos recuerden.

Hay personas que conservan objetos que los conectan con sus seres queridos, prendas de vestir, fotografías o tatuajes en el piel. Mi amiga me dejó su cancionero favorito para recordarla.

A veces, el zapping radial, me regala una de esas canciones que conectan con el recuerdo, otras veces suena la playlist de la despedida que guardo como un tesoro.

Esta experiencia, me disparó una interrogante ¿Qué playlist dejaría como herencia?

Hacer el ejercicio, me llevó unas horas pero lo recomiendo porque es terapéutico.

Comparto  un camabalache de 10 canciones que no pueden faltar :

A Cartas Vistas ( Buitres)

Caida Libre ( La Trampa)

Vencedores Vencidos ( Patricio Rey y Los Rendonditos de Ricota)

De Nada Sirve ( No te va a Gustar)

Patti Smith (Because the Nigth)

El Día que me quieras ( Andrés Calamaro)

Colombina ( Jaime Roos)

Zona de Promesas ( Mercedes Sosa y Gustavo Ceratti)

Azuquita pal Café ( Casino)

No me arrepiento de este Amor ( Gilda)

Cada canción responde a un momento de mi vida que merece una celebración, una danza, una sonrisa o arrimar el cuerpo. Cualquiera sería una excusa para no olvidar.