Reconocida por los Premios Nacionales de Música del MEC y con una obra que entrelaza la canción latinoamericana, el pop y la libertad acústica, Lucía Romero se ha consolidado como una de las creadoras más refinadas y conceptuales de la escena uruguaya. De la frescura intuitiva de Doblaje (2021) a la madurez meticulosa de Magia Pagana (2025) —sumado a colaboraciones con figuras como Emiliano Brancciari, Franny Glass y Florencia Núñez—, la cantautora entiende la música como una artesanía de «artefactos» sonoros guiados por la liviandad de pasarla bien. De cara a su próxima presentación en el ciclo Partículas, Romero reflexiona sobre el sonido orgánico de sus discos, la riqueza de aprender de las melodías ajenas y la expectativa por «Estamos bailando», su lanzamiento más reciente y el reflejo más fiel de su voz al día de hoy.
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Tu discografía transita por diversos matices entre la canción popular, el pop y la fusión. ¿Cómo nace habitualmente la chispa de una composición en tu día a día y qué elementos sentís que componen tu sonido?
Las composiciones nacen de muchas formas, hay canciones que han surgido espontáneamente melodía y letra, que después fuí a buscar en algún teclado y le busqué una armonía o lenguaje que me pareciera parte. Otras veces juego ejercicios de composición, me propongo hacer cosas, las canciones las vivo como si pudiera fabricar artefactos que ofician de diferentes cosas, en un mundo fantástico seguro hay personajes que pueden hacer artefactos fabricadores de vapor de almizcle, me gusta pensar que las canciones son artefactos que traemos a este mundo muchas personas, artefactos capaces de cosas, variadas, cada quien jugará su juego. Los elementos que componen mi sonido son hasta ahora, la voz humana, los teclados, las baterías que ha tocado Esteban Pesce en los dos discos y cada vez que tocamos juntos, la flauta traversa y los saxos que toca Cecilia Rodriguez hoy en día.
Componen mi sonido las muchas decisiones que he tomado en compañía de Mateo Flores grabando Magia Pagana. Muchas cosas componen mi sonido, la naturaleza, la abstracción, lo humano y la búsqueda de la elegancia en sentir crudo.
Desde el lanzamiento de Doblaje hasta la consolidación de Magia Pagana, ¿qué aprendizajes y transformaciones identitarias atravesaron tu manera de componer y de encarar la producción musical?
Aprendizajes, creo que muchos, haber hecho Doblaje fué la primer experiencia de decir voy a hacer un disco, y al tiempo poder efectivamente haberlo hecho. Tuve la suerte de que Esteban me sugiriera trabajar con Martin Brizolara, qué fue tremenda compañía para enfrentarse a eso, sin experiencia en ese rol de tomar decisiones estéticas y de llevar el disco a ciertos lugares. Agradezco profundamente que Martín me acompañó con una amabilidad y paciencia que se lo voy a agradecer siempre.
Fué entrar a hablar de mezcla, de procesos, de sonidos, hablar del sonido, no solo producirlo. Siento que para Magia Pagana, ya sabía a lo que me estaba enfrentando cuando sentí hacer un nuevo álbum, y me propuse ser más seria quizás, o profundizar en el compromiso por sentirme satisfecha en el proceso. Armamos un grupo hermoso para grabarlo, y compartió cosas con el proceso de Doblaje, pero entró a grabarse con cosas más claras. Todo se volvió más específico, más meticuloso. Aunque creo que algo nos caracteriza como grupo y es que nunca se ha perdido la liviandad de que lo importante es pasarla bien, tranquilidad. Creo que el máximo aprendizaje que me acompaña es: hacé lo que te gusta (musicalmente hablando) , mientras vivís esta vida humana.
A lo largo de tu recorrido has colaborado con muy diversos referentes de la música nacional. ¿De qué manera enriquecen tu propio universo interpretativo esas instancias de cruce e intercambio creativo con otros colegas?
“Los caminos son caminos, en la tierra y nada más, uno está donde uno quiere muchas veces sin pensar…” Atahualpa Yupanqui / A qué le llaman distancia. Creo que he tenido mucha suerte la verdad, porque todas las personas con las que he compartido, me han enseñado mucho, pero mucho. Hay tantas maneras de vivir la música, de entenderla, de trabajarla. Y se bien las cosas que he aprendido o que admiro de las personas con las que he compartido, siento que son muchas por suerte. Creo que los cruces nos enriquecen a todas las personas en general, no solo en la música. Cuando sea en la música específicamente, donde me inviten a cantar, voy a ir. Me gusta mucho aprender composiciones de colegas o referentes y conocer sus melodías, el uso de las palabras. Son nuevas vías para el propio canto, así lo vivo. Cada canción nueva, y cada momento compartido en escenarios son nuevas vías, caminos, trillos para el canto y el ser escénico.
Y es el lugar donde quiero estar, entonces solo puedo concebirlo como algo muy nutritivo el compartir con otres.
El ciclo Partículas parte de la idea de que cada artista es una pieza fundamental que sostiene la estructura no por su nombre, sino por el vínculo con los demás. ¿Cómo resuena en vos este concepto de ser una «partícula» que interactúa y afecta de forma impredecible a la propuesta de la otra persona en escena?
Me parece precioso el concepto, me gusta. Creo que es una objetiva manera de verlo, porque en escala a otras cosas que habitan este universo, galaxia, sinónimos, somos bastante partículas y particulares, entonces la cualidad única de cada partícula humana es inminente y si cada una es única en su especie, sin lugar a dudas confío en que nos afectamos y sostenemos,y soy consciente de que estamos co creamos una escena, un “ambiente”.
Para cerrar, si tuvieses que elegir una canción de tu repertorio que condense de forma cabal la identidad y la intensidad de Lucía Romero al día de hoy, ¿cuál sería y por qué?
Estamos bailando, porque sale el 27 de octubre, la estrenamos el 3 de noviembre en la Sala Verdi. Es la más actual y dice lo que quiero decir hoy.



