Manuela Hernández: habitar el tango desde la honestidad

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Desde los ecos de Radio Clarín en la casa de sus abuelos con la voz de Carlos Gardel hasta el impacto escénico de encarnar María de Buenos Aires en el Auditorio Nacional Adela Reta y la complicidad nacida en Che Papusa Dúo, Manuela Hernández Gasagoite entiende el tango como una vivencia colectiva, teatral y profundamente emotiva. En el marco del festival Mujeres al Tango, la cantante y actriz uruguaya se suma a la grilla con un repertorio guiado por la búsqueda de aquellas poéticas que conmueven y trascienden el tiempo. Rindiendo tributo a referentes de la talla de Olga Delgrossi, Nina Miranda, María Graña o Eladia Blázquez, Hernández reflexiona sobre el rescate de las pioneras que abrieron camino, la vigencia del cancionero rioplatense y esa capacidad única que tiene una canción de resignificarse al cruzarse con la propia historia.

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¿Cómo te venís preparando para tu presentación en Mujeres al Tango y qué representa para vos formar parte de un encuentro enfocado en visibilizar y celebrar la presencia femenina en el género?

Me vengo preparando con mucha ilusión y, sobre todo, con muchas ganas de cantar. Para mí, preparar un concierto también es volver a encontrarme con las canciones, descubrir qué me pasa hoy con ellas y qué quiero transmitir cuando las canto.

Formar parte de Mujeres al Tango me resulta especialmente significativo porque es un espacio que pone en valor la presencia de las mujeres dentro de un género que tiene una historia enorme. Mujeres que cantaron, compusieron, escribieron, tocaron y transformaron el tango, aunque no siempre hayan tenido la visibilidad que merecían.

Me gusta pensar este encuentro como una celebración. Celebrar que estamos, que seguimos creando y que tenemos nuestra propia manera de habitar el tango. Creo que es importante conocer y reconocer a las mujeres que nos precedieron, pero también generar espacios para las que estamos haciendo música hoy.

¿Cómo fue tu primer acercamiento al tango y en qué momento sentiste la necesidad de adoptarlo como un canal de expresión propio dentro de tu recorrido musical?

El tango forma parte de mis recuerdos desde muy chica. En la casa de mis abuelos maternos se escuchaba mucho Radio Clarín, y crecí con la voz de Gardel como parte de ese mundo familiar. En aquel momento no imaginaba que, muchos años después, el tango iba a ocupar un lugar tan importante en mi vida.

Casi veinte años más tarde, la vida me llevó a participar en un homenaje a Gardel organizado por las Escuelas de Formación Artística del Sodre, donde me formé durante gran parte de mi vida. Fue muy especial reencontrarme con esa música que, de alguna manera, me había acompañado desde la infancia.

En 2022 llegó otra experiencia que me marcó profundamente: protagonizar María de Buenos Aires, de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer, en el Auditorio Nacional Adela Reta. Allí pude unir dos mundos que me apasionan, la música y el teatro, y descubrir una nueva forma de acercarme al tango.

Más adelante, junto a la pianista Mariana Airaudo, nació Che Papusa Dúo. Desde entonces, este proyecto nos ha permitido llevar nuestra música a distintos escenarios de Uruguay y del exterior, y seguir descubriendo todo lo que el tango tiene para decirnos y para transmitir.

El tango es un género atravesado por una tradición poética y musical muy fuerte. ¿De qué manera abordás habitualmente la elección de tu repertorio y los arreglos para traer esas obras al presente desde tu propia identidad?

A la hora de elegir una canción, para mí es fundamental que me pase algo con ella. Que me conmueva su melodía, su poesía o la historia que cuenta. Me interesa descubrir qué hay detrás de cada obra y encontrar qué puedo aportar desde mi propia sensibilidad.

El tango tiene una riqueza poética enorme. Hay letras que hablan de una época determinada, pero que siguen teniendo una vigencia increíble porque, en el fondo, hablan de las personas, de sus sentimientos, sus contradicciones y sus vínculos.

Me gusta respetar la esencia y la historia de cada canción, pero también encontrar una manera propia de decirla. Creo que cada artista tiene una sensibilidad diferente y que eso permite que una misma obra cobre nuevos sentidos con el paso del tiempo.

Para mí, lo importante es que haya honestidad y emoción. Que la música no se quede solamente en el escenario, sino que pueda llegar a quien escucha, despertar algo, generar una identificación o hacernos mirar una historia desde otro lugar. Al final, creo que ahí está la magia de la música: en esa posibilidad de conectar con otra persona a través de una canción, incluso muchos años después de que fue creada.

A la hora de cantar e interpretar la música rioplatense, ¿cuáles han sido tus grandes referencias —tanto históricas como contemporáneas— que marcaron tu forma de sentir el género?

Mis referencias son variadas y cada una me aporta algo diferente. Por supuesto, Olga Delgrossi, Nina Miranda y Elsa Morán son figuras fundamentales para mí, porque representan una parte muy importante de la historia del tango uruguayo.

También admiro muchísimo a María Graña, por su manera de interpretar y poner todos sus recursos a disposición, y también, tengo una debilidad especial por Eladia Blázquez, no solamente por su música, sino también por su poesía. Me conmueve su capacidad de hablar de la identidad, la memoria, el amor y la vida con una profundidad enorme y a su vez una simpleza increíble. Hay algo en sus letras que siempre me deja pensando.

Entre las artistas más contemporáneas, admiro mucho a Inés Cuello y Noelia Moncada. Me interesa escuchar cómo cada una construye su propio lenguaje dentro del tango, con una identidad muy marcada.

Creo que una se va formando a partir de todo lo que escucha y de las artistas que la conmueven. A veces es una manera de frasear, una interpretación, una palabra o una emoción que queda resonando. Pero no se trata de imitar, sino de aprender de esas referencias y, con el tiempo, encontrar una voz propia.

Una va heredando voces, pero en algún momento tiene que encontrar la propia.

Para cerrar, si tuvieras que elegir una canción de tango —sea de tu autoría o del repertorio tradicional— que condense tu visión artística y tu forma de sentir el género al día de hoy, ¿cuál sería y por qué?

Elegiría Los pájaros perdidos, de Astor Piazzolla y Mario Trejo. Es una canción que hoy tiene un significado especial para mí, porque algunas experiencias personales recientes me hicieron sentirla de una manera diferente. Me conmueve su poesía y siento que puedo interpretarla desde un lugar muy genuino, en el que también está presente algo de mi propia historia.

También elegiría El corazón al sur, de Eladia Blázquez, por su vínculo con las raíces y la memoria.

Creo que, con el tiempo, nuestra relación con las canciones también va cambiando. Las experiencias que vivimos les dan nuevos sentidos, y a veces una descubre que una obra que ya conocía puede decirle cosas que antes no había escuchado de la misma manera.

CARTELERA

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