Las Flores del Mal presenta Invierno

El proyecto musical Las Flores del Mal presenta su más reciente trabajo discográfico titulado Invierno, publicado a través del sello Chebo Records. Integrado por Fabián Novo (guitarra), Mauricio Blaibas (bajo), Federico García (batería), Joselo de Olarte (voz) y Marcelo Lujambio (percusión y sabor), el grupo reúne un recorrido de cinco canciones —«Invierno», «Viajera», «Candombe Diablo», «Diablo Candombe» y «Chico Feliz»— que amalgama la fuerza del rock, el lenguaje del candombe y la sensibilidad de la música urbana local.

Grabado en la Usina Cultural del INJU con la ingeniería de Alfredo Gianotti y la asistencia de Coco Dub, el álbum contó con la producción artística compartida entre la banda y Ale Caper (encargado también de la edición y mezcla), el mastering a cargo de Max Capote y la participación especial del violionista John Bika.

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¿Cómo se conformó el equipo de trabajo para este nuevo material y de qué manera enriquecieron el sonido del álbum la grabación en la Usina Cultural del INJU, la producción junto a Ale Caper y la suma de invitados como John Bika?

El equipo se fue formando de manera bastante natural, a partir de la propia historia y de los vínculos que tenemos como músicos. Las Flores del Mal también es producto de la casualidad o del destino osea que yo me reencontrará con los ex Mareos viviendo juntos fue fundamental,cada uno tiene su historia, su manera de tocar y una sensibilidad diferente, y eso terminó siendo fundamental para construir el sonido de la banda.

Grabar en la Usina Cultural del INJU fue una experiencia muy importante porque nos permitió registrar el material en un espacio de primer nivel y con muy buenas condiciones para trabajar y Chole nos hizo sentir cómodos La producción artística junto a Alejandro Caper también fue clave. Ale nos ayudó a ordenar las ideas, a encontrar el carácter de cada canción y, sobre todo, a potenciar lo que ya estaba dentro de la banda sin perder nuestra identidad.

Después aparecen los invitados, como John Vika, que participa con violines en «Invierno» y «Viajera». Su aporte fue muy especial porque abrió otra dimensión dentro de las canciones y reforzó ese costado más sensible y camarístico que convive con el rock, el candombe y la canción. La idea nunca fue sumar elementos porque sí, sino encontrar aquello que cada tema necesitaba para crecer.

También fue otra casualidad que lo encontrara a él en el primer concierto de Las flores del mal en Montevideo, cuando yo me encargaba de la agenda artística de un bar en Montevideo él vino con su proyecto de violines y electrónica y le di el espacio para tocar me recordó esa situación y ahí comenzó el diálogo para que sea parte del proyecto

Si tuvieran que definir o describir la identidad estética de Invierno y el universo sonoro de sus cinco canciones en pocas palabras, ¿cómo lo harían?

Las cinco canciones son diferentes entre sí, pero tienen un mismo espíritu. Hay melancolía, movimiento, alegría, oscuridad y también una mirada bastante personal sobre el lugar que habitamos. Nos interesa que las canciones puedan convivir en ese universo sin perder su propia identidad.

El disco propone un equilibrio entre pasajes camarísticos, ritmo de candombe e impronta de banda. ¿De qué manera fue el proceso de composición y arreglos para conectar temas como «Invierno», «Candombe Diablo» o «Chico Feliz» dentro de un mismo concepto?

El proceso fue bastante orgánico. Las canciones fueron apareciendo desde lugares diferentes y después, trabajando colectivamente, fuimos encontrando qué necesitaba cada una. No queríamos que todo sonara igual, sino que hubiera un hilo conductor que apareciera a través de los arreglos, los timbres y la manera de tocar.

Invierno tiene un carácter más introspectivo, mientras que Candombe Diablo parte de un pulso mucho más ligado al candombe y a nuestra propia experiencia en la costa. Chico Feliz, por otro lado, tiene otra luminosidad. La idea fue respetar esas diferencias y, al mismo tiempo, hacer que las cinco canciones pudieran sentirse como parte de un mismo viaje.

También fue importante entender al grupo como una banda y no solamente como la suma de instrumentos. La percusión, el bajo, la guitarra, la batería y la voz fueron encontrando su lugar en función de cada canción. Ahí apareció buena parte de la identidad de Las Flores del Mal.

Un nuevo disco marca siempre un punto de partida. ¿Qué proyecciones, presentaciones en vivo y búsquedas hay de aquí en adelante con el proyecto artístico de Las Flores del Mal?

Invierno
es un punto de partida. Nos permitió registrar por primera vez este universo de Las Flores del Mal y, al mismo tiempo, nos dejó muchas ganas de seguir profundizando en él.

Ahora el objetivo principal es llevar estas canciones al vivo, que es donde realmente terminan de transformarse. Tenemos varias presentaciones previstas y también la intención de seguir mostrando el proyecto fuera de Uruguay, porque sentimos que estas canciones pueden dialogar muy bien con otros públicos y con la escena rioplatense. Paralelamente ya estamos pensando en material nuevo. No queremos repetir Invierno, sino tomar lo que encontramos en este primer trabajo y llevarlo hacia otro lugar: seguir experimentando con el candombe, el rock, la canción y los diferentes climas que forman parte de nuestra identidad. La idea es que Las Flores del Mal siga creciendo como banda, como proyecto artístico y también como una forma de contar desde dónde venimos y dónde estamos.

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