Juan Tapia trae a Sala Corchea «La Furia de Hércules»: un espectáculo que demuestra el poder de la palabra

Por Julia Guerriero.

Llevás más de veinte años dedicándote a la narración oral, investigando, enseñando y creando espectáculos. ¿Qué fue lo que te enamoró de este oficio y qué sigue sorprendiéndote hasta el día de hoy?

En muchos cuentos hay personajes que llegan a un lugar encantado y pasan allí un tiempo fuera del tiempo. En una historia que recuerdo, un monje encuentra en un jardín una rosa y se detiene unos minutos para disfrutar de su aroma, cuando se aleja de la flor descubre que sus instantes de éxtasis fueron, para el resto del mundo, 30 o 50 años. El mundo cambió a su alrededor, el tiempo corrió, pero él estuvo en otro mundo dentro del mundo, en otro tiempo dentro del tiempo. Puede ser una rosa, una silla, un rostro, una moneda o una ciudad embrujada, las personas que estudian las estructuras de los cuentos llaman a esta embriaguez: arrobo mágico.

Yo creo que fue sentir algo parecido al arrobo mágico lo que me enamoró del oficio y lo que me sigue sorprendiendo hoy. La posibilidad de estar escuchando un cuento y por momentos viajar, estar en otra parte.

Desde la banqueta del narrador tengo un sitio preferencial para ver cuando el hechizo funciona, para ver el cuerpo de la persona que está metida dentro del cuento, abandonada a la escucha y disfrutando de un mundo dentro del mundo.

Muchas veces se da por sentado que la narración oral es una tradición del pasado. Sin embargo, tus obras demuestran que sigue siendo una expresión muy potente ¿Cuál creés que es hoy el rol de la narración oral en la transmisión de conocimientos, la memoria colectiva y la construcción de nuevos públicos?

La tradición tiene mala prensa. Durante mucho tiempo los mercaderes de la novedad y del odio la han manipulado, la han recortado o la han descartado al baúl de lo viejo. Pero yo rescato el carácter tradicional de mi oficio, la tradición no se vincula únicamente con el pasado. Tradición es lo que se entrega, lo que transmite, es el acto presente de transmitir. Sin ese acto constante de recibir y de dar estamos solos y vacíos, rodeados de cosas y novedades, un materialismo berreta que no viene de ningún lado y no va a ninguna parte.

En el cuento tradicional y en la narración tradicional hay de todo: el orden y el desorden, lo correcto y lo incorrecto, lo profundo y lo desubicado, el mito y el chisme. Todo pasa por el filtro de la oreja popular. Gente y tiempo, eso es la tradición, la experiencia colectiva de existir. Lo que la memoria guarda, pero también lo que la memoria olvida y lo que la memoria transforma y esconde dentro del arte, en forma de símbolos. Narrar y escuchar cuentos sigue siendo una forma privilegiada de acceder a esa experiencia de la imaginación y de la memoria comunitaria.

En La Furia de Hércules volvés sobre uno de los personajes más emblemáticos de la mitología griega. ¿Qué fue lo que encontraste en Hércules que te hizo querer contar su historia hoy? 

Hércules es el arquetipo del héroe y la historia se cuenta desde hace tres milenios. Tiene adrenalina, dolor, fuerza, aventura más allá de lo inimaginable y un personaje que vive su don como un castigo. Sin embargo, mientras más la cuento, más reparo en algo que está escondido pero omnipresente en la historia… Hércules recorre el mundo venciendo monstruos y haciendo hazañas, sus famosos trabajos, detrás de su figura lo que vemos es un mundo que está todo roto y desordenado. A dónde Hércules va, se encuentra con villanos, mugre, monstruos y destrucción. Tal vez la historia persiste a lo largo del tiempo porque nos recuerda que el mundo está roto y que héroe es todo aquel que no pueda separar su destino del destino de ese mundo que está herido y dado vuelta.

Muy pronto vas a presentar La Furia de Hércules en Sala Corchea, en Montevideo. ¿Qué expectativas tenés de este encuentro con el público uruguayo y qué creés que se van a encontrar quienes asistan a la función? ¿Por qué no deberían perderse esta experiencia?

Es un espectáculo que transmite fuerza. En el escenario solo hay un tipo sentado en una banqueta hablando. No hay efectos especiales, nada. Solo palabra. Pero yo les aseguro que en un momento van a sentir y van ver que cae un rayo en el medio del teatro, van a ver batallas y van a disfrutar de lo ridículo y pequeño dentro de lo grande y solemne. Es la vida de héroe que se hace anécdota, cuento, canción de cancha…. pasa de todo y, al mismo tiempo, lo único que está en escena es un tipo hablando. Ese es mi desafío como artista y la garantía que le puedo dar al público: en show que enseguida te sube y te saca a pasear.

Es la 3ra. o 4ta. vez que tengo la oportunidad de contar en Montevideo, pero este es el primer espectáculo unitario, de una sola historia. Creo que va a ser una linda aventura para los que ya me vieron y una linda oportunidad para invitar a una persona que nunca fue a un show de narración.

¿Algún otro mensaje que te gustaría dejarle a nuestros lectores?

Me entusiasma mucho estar en una sala de música. Yo empecé actuando en Café Vinilo, una sala de conciertos de Buenos Aires que programaba únicamente música. En su momento apostaron a lo que hacíamos nosotros, entendieron que no era teatro y que detrás de nuestra propuesta había un trabajo musical con la dimensión sonora de las palabras. Desde ese momento siempre trabajamos con músicos y en lugares de música. Nos gusta mucho la llegada que solemos tener a ese público.

No se pierdan La Furia de Hércules. Es oro a precio de lata.

CARTELERA

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