Docente de literatura, escritora, cantautora y gestora cultural, Isabella Acerenza construye su obra en el cruce preciso donde la métrica de la palabra le cede el paso a la vibración del sonido. Tras publicar los poemarios Cuando olvidé la espina y Un bastón hecho de polvo, la artista volcó esa misma pulsión en DAGA x CARICIA (2025), un álbum debut que transita sin complejos entre el pop, las capas de voces, los paisajes sombríos y la catarsis bailable. Desde su rol en el Coro de Mujeres Panambí hasta la creación del ciclo ÍNTIMA —un espacio ideado como refugio y trinchera frente a la precarización de la escena independiente montevideana—, Acerenza repasa la búsqueda de un lenguaje orgánico, la batalla contra los mandatos que invitan a «cerrar la boca» y la urgencia de construir redes reales por fuera de la tiranía de las redes sociales.
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Tu formación literaria y poética es un rasgo distintivo en tu obra. ¿Cómo dialoga el proceso de escritura de tus libros con la creación de las melodías y la producción de tus canciones?
La verdad es que muchas veces van de la mano, es decir, las temáticas que me interesan poéticamente, se traducen luego en una expresión musical. Cosas sobre las que pienso o reflexiono y me incentivan a escribir y componer. Creo que cualquier otro arte que practiquemos enriquece el proceso de composición porque te abre la mirada. En mi caso, las letras son centrales. He musicalizado varios poemas de otras autoras lo que me ha hecho entrenar el oído literario, porque antes de agregarle melodía la palabra ya tiene una musicalidad intrínseca. Como trabajo de eso, de facilitar la palabra poética a adolescentes que muy poco les interesa a priori el asunto, la tarea cotidiana de leer en voz alta las más altas poesías sin dudas ha alimentado mi estudio de la sonoridad del lenguaje. A veces viene primero la melodía y no es todo tan mentado, pero siempre hay algo del ritmo de lo dicho que te obliga a reformular la melodía, a veces poner un silencio o cambiar el acento en pos de que se oiga natural. Vengo en esa línea últimamente, intencionado que las letras suenes orgánicas, cosa que antes no me importaba. Cambiaba los acentos de las palabras o las unía en pos de que la melodía que me nació se sostenga así. Ahora me importa más que se entienda lo que digo y que se acerque al habla, porque ahí hay un lenguaje universal que todos entendemos y que no precisa demasiado adorno. Si lo que se decis conmueve, conmueve. Vengo haciendo un laburo más preciso para que la música no te distraiga del mensaje, sino que esté a su servicio.
Con DAGA x CARICIA presentaste una propuesta de fuerte carga emocional y conceptual. ¿Qué búsquedas estéticas y narrativas guiaron la construcción de ese primer trabajo discográfico?
Ese disco es un rejunte de muchas canciones que hice en distintos momentos, y que están totalmente influenciadas por la música que estaba escuchando. Yo no quise hacer pop pero el trabajo con un productor popero me llevó hacia ahí y me gustó. A partir del primer single, “no”, encontré un eje común que tenía que ver con las capas de voces, el groove y algo más bailable, sin dejar de ser íntimo. Siento que es un álbum que habita los extremos y las contradicciones, tanto conceptuales como sonoras. Tenés canciones que suenan como si estuvieras en un bosque con hadas y otras que sondean el infierno. Para mí así ha sido hacer música, un camino lleno de altibajos, de pasión pero también de frustraciones. El amor y el desamor aparecen como un espacio de tensión a través del cual construimos nuestra identidad. Fui dañina y lo fueron conmigo, y creo que ese intersticio entre la belleza y la crueldad se tradujo en distintos estilos conectados principalmente por mi canto, que es el que es, pese a que he luchado sin parar contra mi propia voz porque a nosotras nos educan para cerrar la boca. Pude decir un montón de cosas que pensaba al respecto de la música, mi identidad, la autodestrucción y el deseo de lo errante. Fui muy meticulosa en su producción porque para mí era el disco de mi vida. Ahora lo escucho y pienso que quizás fui demasiado ambiciosa. Hay mucha data, mucha información armónica, mucha letra, mucho arreglo, mucho todo. Hay algo de ese exceso que tiene que ver con la ciudad y con la juventud, con la cantidad de información que recibimos hoy a través de las redes, con los tiempos de hoy. Creo que es un disco que tiene canciones para todos los gustos y que encuentra en la diversidad musical una identidad en transformación que atesoro hasta el día de hoy.
Además de tu camino solista, gestás espacios como el ciclo Íntima y participás en proyectos colectivos. ¿Qué valor le asignás a la construcción de redes y plataformas independientes para visibilizar a nuevas creadoras?
A mi lo colectivo me salva la cabeza. El mundo del solista en este país es una depresión asegurada. Sos vos hablando contigo misma todo el tiempo, tomando todas las decisiones y en algún punto siendo la jefa. Aunque tengo una personalidad que se lleva bien con el liderazgo, muchas veces me abruma y quisiera ser solo una pieza más. Así me siento en Panambí, el coro de mujeres que integro desde 2022. Me calma saber que no soy indispensable, pero que mi aporte suma y hace a la grupalidad. He aprendido muchísimo de gestión y de producción en ambientes colectivos. También tramando cosas con otras artistas, colaborando o armando shows en conjunto. Si no haces lazos reales, te perdés. Te quedas mirando el celu como si eso fuese estar en la música; hacer reels, hacer contenido.
Todo vos sola en tu casa con tus cositas y sin interactuar con nadie. Todo creador parece que debiera ser obligatoriamente un creador de contenido. El trabajo desde la escena musical te devuelve al principio de realidad y te hace dimensionar lo que haces, encontrar conexiones con otrxs que luego sin dudas, beneficiarán a todas las partes.
Con respecto a ÍNTIMA, es un espacio que construí como refugio. Estoy cansada de los mismos viejos cantando cosas misóginas y tocando los mismos acordes de la misma forma. La escena de cantautoras en Uruguay está que explota desde hace por lo menos 5 años. Hay pibas de 20 años rompiéndola. Y yo que he tocado en todo tipo de sucuchos y sé la mafia que hay detrás de la música -todos quieren llevarse su parte y la única que no cobra fijo sos vos, que sos la que ofrece la propuesta cultural-, entiendo que es necesaria una plataforma que funcione distinto. Surge a partir de la necesidad de espacios de profesionalización y de encuentros entre cantautoras, para entrelazar públicos, conocernos entre nosotras, y tener un acuerdo profesional con respecto al servicio que ofrecemos, que es la música. Como acá todo el mundo es independiente, siempre estamos peleando por temas que debieran estar resueltos desde la producción/ gestión cultural, y que después te perjudican en tu performance. Si vos en la prueba te desayunás que al final no hay sonidista, o que si no llevaste gente no te dan de comer -así de ratas son la mayoría de los bares en Montevideo- lo vas a ver en tu performance. Después pasas días castigándote porque no rendiste lo que querías, y en verdad es porque te sacaron el pegue y tuviste que estar mendigando unas condiciones que debieran estar a la altura de la propuesta que ofreces. En ese sentido, ÍNTIMA es un lugar de resistencia y quisiera que nos inspire a ser más conscientes de los espacios en los que tocamos, de las condiciones que aceptamos, y de las formas en que producimos los espectáculos en Uruguay. Sin importar la trayectoria o la edad: nos merecemos tocar en condiciones propicias para que nuestras canciones suenen en su mejor versión.
La premisa de Partículas plantea que lo mínimo sostiene una relación invisible entre las partes y genera momentos irrepetibles. En un programa que te conecta de manera directa con otra artista, ¿qué expectativas o reflexiones te genera habitar este estado de diálogo y convivencia de universos en un mismo escenario?
Como dije antes, los lazos en el arte no solo son beneficiosos sino que son inevitables.
Nadie conforma una escena en soledad ni abre puertas en la industria sin ayuda de otrx. Me encanta la grilla de este ciclo y creo que da cuenta de la diversidad que habitamos las mujeres.
Me siento muy conectada con la música de Lucía Romero, no solo porque tuve el lujo de cantar junto a Panambí en la presentación de su último disco, sino porque creo que es una artista que se arriesga, que inventa formas nuevas de la canción rioplatense. Ni que hablar de su voz que directamente te deja pelada. Me entusiasma buscar el punto en común entre nuestros universos, que sin duda se conectan en el pop y en la centralidad de la interpretación vocal.
Para cerrar, si tuvieras que recomendar una sola canción de tu catálogo que funcione como puerta de entrada a tu universo musical y conceptual, ¿cuál elegirías y por qué?
MUÑECA. No tiene nada que ver con mi universo más soft y popero pero tiene una verdad de la que no podés zafar. Es incómoda y al mismo tiempo inspira fortaleza, rebeldía. Me gustaría que las mujeres de acá sintiéramos esa potencia para decir lo que pensamos, para salirnos del lugar de víctimas; porque al final somos mucho más inteligentes y talentosas de lo que nos creemos.



