¿Folclore en extinción?

Por Tabaré Arapí

En estos últimos años de gobiernos progresistas el canto de raíz folclórica sufrió  grandes cambios en su temática, en sus intérpretes, en sus autores, en sus escenarios llámese geográficos y artísticos.

Con el ingreso del mercado musical al país a través de los medios televisivos y de la web, de nuevos productores  los artistas uruguayos se tuvieron que adaptar a los cambios que estos  implementaron  para el mundo del mercado liberal, pero minúsculo en  democracia.

Se consuman grandes festivales en escenarios enormes utilizando todas las nuevas tecnologías en el sonido, luces, espacios, puestas en escena, para que el producto artístico y musical sea bienvendido y que sea redituable. (¿Para quiénes?), si ya lo adivinaste; los productores, y poco eficaz para el artista.

Esta nueva situación acarrea cambios muy grandes en las integraciones de los llamados músicos de raíz folklórica, ya que tuvieron que dejar sus guitarras para formar poderosas bandas de músicos para poder vender su espectáculo.

Esto ocurrió con todos los shows de Latinoamérica y con todos los artistas que recreaban sus músicas de raíz folklórica, Colombia, Argentina, Chile, Brasil y también llegó a Uruguay.  Al mercado neoliberal no le interesan incentivar la tradiciones culturales de los pueblos, hacen tabla rasa con ellas.

Tras estos grandes shows vienen los videos clips para utilizar a través de las redes sociales o en la televisión, en casos menos frecuentes en el cine.

La mayoría de los artistas uruguayos no estaban preparados, ni lo están, para estos cambios tan profundos y es por ello que solo un pequeño grupo quedó incluido en estas nuevas reglas del mercado musical. Usan youtube en forma imperfecta o alguna plataforma digital donde tienen que ser digitados millones de veces para obtener algún redito.

Se precisan nuevos productores y mucho dinero para poder llevar adelante estos nuevos proyectos, por ejemplo bandas integradas por ocho músicos eleva el presupuesto tanto en la presentación de espectáculos como en los ensayos y estos se realizan preparando las estrategias que se van a presentar en el show, que acá se llaman festivales.

A estos festivales concurren miles de personas, en el último festival de Durazno se calcularon más de 50 mil personas, al festival de Treinta y tres  20 mil personas, al festival del mate en San José  10 mil personas, al de Andresito otras miles de personas.

Estos shows tienen como forma de atracción en su grilla de artistas a muchos relevantes de nuestro país, de diferentes géneros musicales y además el aditivo de artistas extranjeros fundamentalmente argentinos que el público está acostumbrado a ver en los programas de televisión abierta o por cable. Diferencia con los uruguayos que son muy pocos los que aparecen en programas de televisión abierta o en cable.

Las grillas de artistas son bastante similares, (se repiten), en casi todos los festivales y los artistas emergentes muy pocas veces concurren a los mismos, y cuando lo hacen les reservan lugares secundarios u otros escenarios separados del principal.

Estos shows dejan muy buenos dividendos a los organizadores, ya sean privados o públicos, pero muchas veces no pagan al Estado lo que corresponde cuando no están exonerados por el mismo, o cuando se decreta que es un aporte a la cultura del país.

Y aquí se está dejando de lado al trabajador artista, porque no están cubriendo sus aportes como a cualquier otro trabajador. Por ejemplo salud, caja de jubilaciones, etc.

¿Quién fiscaliza a estos grandes shows?

AGADU fiscaliza  que se respeten los derechos del autor, pero los derechos del artista, en este caso los músicos deben ser ellos quién los fiscaliza, por intermedio de sus asociaciones, que en el interior son muy precarias y muchas veces no son tomadas en cuenta por los organizadores de espectáculos, violando leyes nacionales. A esto la respuesta de los encargados de hacerlas cumplir es casi nula.

En muchos asuntos se pagan los derechos e impuestos por la realización del shows pero hay muchos que los evaden, y el artista los desconoce.

Y además la consigna es contratar a quienes convocan mucho público. Ley de mercado dejando de lado la identidad cultural y todo lo demás que fortalezca las artes nacionales.

Esto acarrea como consecuencia “más de lo mismo”, y no produce nada de cambios profundos  en nuestra identidad sonora.

Situación distinta se crea en el departamento de Montevideo, con la nueva administración, ya   que tanto las producciones privadas como las  organizadas por la IMM prescinden del género llamado “folclore” durante el año, y lo relegan para la famosa “Semana criolla del Prado” como un aditivo de las jineteadas.

Estas criollas 2018 fueron desatinadas por la formas de realizar sus contrataciones, por el desplazamiento que hubo para la música de raíz criolla en el escenario Zitarrosa, la mistura de incorporar en números centrales músicas sin perfil criollo, sintetizando, hubo algunos nuevos espacios ocupados por relevos artísticos interesantes a nivel de canto criollo o folklore pero hubo mucho de “más de lo mismo” y la consigna de la IMM fue “vamos a contratar artistas que convoquen mucho público”.

Reiteramos que en esta semana, que según la propaganda oficial “une el campo con la ciudad”, en los escenarios hubo cada vez menos representantes de la música telúrica o “folclórica”, porque sus intérpretes tienen poca convocatoria hacia el público, y entonces contratan músicos de otros géneros.

El folclore uruguayo, o la música de raíz y sus componentes, están pasando un periodo muy complicado, algunos apuestan que está casi en extinción, pero no es así, está en un periodo de transición que solo las nuevas generaciones de músicos lo pueden cambiar, con su auto gestión y con la lucha en colectivo por la defensa del arte y su trabajo.

2019 Tape – el opinador.-

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