Desde aquel primer flechazo a los 17 años con la voz de Julio Sosa en la radio del auto familiar, el tango ha sido para Valentina Estol un camino de ida, un aprendizaje a través del baile en las milongas y una permanente búsqueda de rescate histórico. Flautista, cantante, compositora y gestora, la artista uruguaya se suma a la grilla de Mujeres al Tango en Sala Corchea con un repertorio que funciona como una cronología de su propia vida: desde sus exploraciones por el cancionero tradicional y el trabajo de las creadoras que abrieron huella, hasta el reencuentro con «Llegará el amor», su primera tango-canción escrita a los 18 años. Entre el adelanto de su próximo álbum y las postales de sus giras internacionales —con anécdotas que van desde las milongas locales hasta el norte de Noruega—, Estol repasa el valor de la memoria rioplatense y la libertad de habitar el género desde una mirada propia, femenina y contemporánea.
https://www.instagram.com/valentinaestol
¿Cómo te venís preparando para esta presentación en Mujeres al Tango y qué significa para vos formar parte de un festival enfocado en visibilizar y celebrar la presencia femenina en el género?
Para esta presentación estoy tomando el repertorio como una especie de cronología del tango en mi vida. Cada canción representa un momento, un descubrimiento o una etapa de mi vínculo con el género. Es una manera de compartir no solo las canciones que me gustan, sino también la historia de cómo el tango fue llegando a mí y transformándome musicalmente.
Formar parte de Mujeres al Tango es muy significativo, especialmente porque en los últimos años me fui interesando cada vez más en investigar y visibilizar a las mujeres que han sido parte de la historia del tango, tanto intérpretes como compositoras. Hay mucho por descubrir y por contar. Me interesa que podamos recuperar esas voces, reconocer su aporte y, al mismo tiempo, seguir generando espacios para las mujeres que hoy estamos creando y haciendo tango desde nuestra propia mirada.
El tango ha habitado tu lenguaje musical junto a otros ritmos populares y latinoamericanos. ¿Qué lugar ocupa hoy el tango en tu vida y cómo dialoga con tu faceta como compositora?
El tango ocupa un lugar muy especial en mi vida porque mi vínculo con el género fue creciendo conmigo. El primer tango que realmente me llegó fue Nada, en la voz de Julio Sosa. Tenía 17 años y viajaba en auto con mi familia cuando apareció en la radio. Recuerdo ese momento como un descubrimiento: algo de esa canción me conmovió profundamente y abrió una puerta que después no dejó de crecer.
A partir de ahí vinieron otros encuentros: el descubrimiento de Olga Delgrossi, mi fascinación por Piazzolla, las letras de Homero Manzi, el baile y las milongas. Bailar tango también fue una forma de aprender a escucharlo; en cada abrazo aparecían canciones nuevas que quería conocer, cantar e incorporar a mi repertorio.
Con el tiempo, esa relación empezó a dialogar cada vez más con mi faceta como compositora. Las ganas de escribir mis propias letras estaban presentes desde muy joven, y algunas de esas canciones finalmente pudieron encontrarse con el público. En este concierto vamos a presentar una nueva versión de Llegará el amor, mi primera tango-canción, que comencé a componer cuando tenía casi 18 años. Volver hoy sobre esa canción es reencontrarme con aquella joven que empezaba a escribir y descubrir cuánto de ella sigue estando en mí.
A la hora de interpretar o componer dentro de la música rioplatense, ¿cuáles han sido tus grandes referencias o referentes —tanto históricas como contemporáneas— que marcaron tu forma de sentir el género?
Mi recorrido por el tango estuvo marcado por encuentros muy diferentes. Julio Sosa fue esa primera puerta emocional; después llegó Olga Delgrossi, una figura fundamental para mi acercamiento al género, y más adelante la fascinación por Astor Piazzolla y por la poesía de Homero Manzi, que me mostró hasta qué punto una letra puede construir un universo entero.
También el baile fue una escuela. En las milongas fui descubriendo otros repertorios, otras épocas y otras maneras de sentir el tango. Cada canción que me emocionaba despertaba las ganas de investigar más.
En los últimos años me interesé especialmente por los compositores uruguayos y, dentro de esa búsqueda, por las mujeres que escribieron y crearon tango. Investigar sus obras me permitió ampliar mi perspectiva sobre nuestra propia historia musical y preguntarme también cuál es mi lugar dentro de esa tradición.
Creo que todas esas referencias conviven en mi manera de interpretar y componer. No siento que tenga que elegir entre respetar una tradición o buscar una voz propia: para mí, una cosa alimenta a la otra.
Tu recorrido como solista te ha llevado por escenarios de Latinoamérica, Estados Unidos y Europa. ¿Cómo resuena la propuesta del tango cuando se presenta frente a audiencias y culturas tan diversas?
El tango tiene una capacidad muy particular de generar emoción más allá de las fronteras. En los distintos lugares donde me ha tocado presentarme, siempre me conmueve comprobar cómo una música tan ligada a nuestra identidad rioplatense puede conectar con personas de culturas muy diferentes.
A veces el público conoce profundamente el género y otras veces se acerca desde la curiosidad, pero hay algo en su intensidad, en sus melodías y en la manera de contar historias que llega incluso cuando no se comprende cada palabra, tengo una anécdota muy interesante sobre esto en el Norte de Noruega, en una ciudad kllamada Mosjoen.
Me gusta pensar que llevar el tango a otros escenarios es compartir una parte de nuestra identidad, pero también mostrar que se trata de una música viva, capaz de seguir dialogando con el mundo sin perder sus raíces.
Actualmente estás trabajando en la preparación de un nuevo álbum. ¿Cómo viene siendo ese proceso creativo, qué representa este nuevo trabajo para tu camino artístico y qué diferencias o matices sentís que tiene en comparación con la producción de Espejismos?
Este nuevo trabajo representa una etapa importante de mi camino artístico, porque cada vez siento más la necesidad de expresarme a través de mis propias composiciones. Es un proceso de búsqueda en el que intento encontrar el equilibrio entre las músicas que me formaron, la tradición rioplatense y las historias que necesito contar hoy.
Espejismos fue una experiencia fundamental en mi recorrido como solista, porque me permitió construir una identidad interpretativa y plasmar mi mirada sobre un repertorio. En esta nueva etapa hay un acercamiento más profundo a mi faceta como compositora: me interesa que las canciones nazcan de mis experiencias, mis preguntas y mi manera de mirar el mundo.
Esa necesidad de escribir me acompaña desde muy joven. Llegará el amor, que empecé a componer cuando tenía casi 18 años, es una muestra de ello. Hoy, volver a interpretarla en una nueva versión me hace pensar en todo lo que cambió y en todo lo que permanece. Siento que hay una continuidad con mi historia musical, pero también una mayor libertad para explorar y encontrar mi propia voz.
Para cerrar, si tuvieras que elegir una canción de tango —sea de tu autoría o del repertorio tradicional— que condense tu visión artística y tu forma de sentir el género al día de hoy, ¿cuál sería y por qué?
Elegiría Llegará el amor, porque representa el comienzo de mi propia historia como compositora dentro del tango. La empecé a escribir cuando tenía casi 18 años, en una etapa en la que todavía estaba descubriendo todo lo que esta música significaba para mí.
Volver a ella tantos años después, hacer una nueva versión y compartirla en este concierto tiene algo muy especial: es como encontrarme con aquella joven que se animó a escribir su primer tango-canción y tender un puente entre quien era entonces y quien soy hoy.
Mi vínculo con el tango empezó escuchando las canciones de otros, enamorándome de sus melodías, sus letras y sus historias. Con el tiempo, también apareció la necesidad de contar las mías. Creo que ahí está una parte esencial de mi manera de sentir el género: en honrar todo lo que recibí de esta tradición y, al mismo tiempo, animarme a aportar algo propio.



