La Tres Acordes presenta “Punk para sentarse”

El próximo viernes 11 de septiembre a las 20:30 horas, la Sala Corchea albergará un experimento singular en la escena alternativa local: Punk para sentarse. Tras 16 años de trayectoria transitando el circuito subterráneo montevideano, La Tres Acordes se corre del pogo habitual para poner el foco en la esencia de sus composiciones. La noche contará además con la apertura de Ansiedad Social como banda invitada.

Después de 16 años habitando bares y escenarios liminales del under, llegan a la Sala Corchea con la propuesta Punk para sentarse. ¿Cómo nació la inquietud de cambiar el código habitual del show y qué implica para la banda bajar un cambio en la velocidad para poner las canciones en primer plano?

(Federico Segredo Simonetti –  La Tres Acordes): Poner a la canción en primer plano, para nosotros, significa despojar la música de la distorsión y de lo teatral (la gente siempre nos ha dicho que somos bastante histriónicos) para mostrar que el punk también tiene un pienso detrás de eso. La idea  surgió del deseo de reencontrarnos con nuestra música después de un parate que tuvimos por razones familiares (de las buenas). Es un lugar re común, pero tenemos treinta y no tiene sentido seguir haciendo lo que hacíamos a los quince, menos si no es por plata. A partir de esos sentimientos, decidimos desafiarnos y estamos contentos con lo que logramos. Nos dio una nueva perspectiva sobre nuestra propia música que esperamos que el público comparta, y que supongo también volcaremos sobre nuestros próximos materiales.

En la presentación mencionan que el punk ha demostrado más de una vez que no es «puro ruido». ¿Qué matices o detalles de la lírica y la armonía de La Tres Acordes se revelan al desnudarlas de la distorsión y el caos del pogo?

(Federico Segredo Simonetti – La Tres Acordes): Para mí, aparece una belleza en las melodías y los arreglos que armamos. Pasan cosas en nuestras canciones que van más allá de la risa o del agite. Para ejemplificar, me pasó con una canción llamada «El Oeste (No Existe Más)» de nuestro EP Lúmpenes con Panza (2024) que cuando la arreglamos y la despojamos de lo de siempre me di cuenta de dos cosas: 1) que hay muchas influencias invisibles detrás de nuestra música que van más allá del punk (no digo más para no spoilear) y 2) que a mí me pasaban cosas fuertes al cantarla pero que no estaba siendo del todo consciente de eso.

En cuanto a las letras, yo estoy muy orgulloso de algunas cosas que decimos, aunque las escuchen diez personas o se puedan malinterpretar. Nuestro fuerte siempre fueron las letras, ya sea desde el humor, desde la sátira o desde la bronca. El tema es que capaz queda tapado ese trabajo porque sonamos de una manera en particular o porque uno mismo se encasilla en lo que le es cómodo. Pienso en la canción «Ni a palo soy milico» del mismo EP: cantada en power trio y en el arreglo de siempre es un himno punk contra la yuta y los milicos (que lo es) pero cantada en el arreglo nuevo surge algo que estaba pero en segundo plano, que es el lamento de llegar a los 30 y morirte laburando para llegar a tu casa sin ganas de salir a escabiar con tus amigos. En definitiva, las letras no las podés cambiar, pero hay canciones que se resignifican al arreglarlas de manera distinta. Es un cambio de forma, pero la forma va acompañada con una maraña de cosas. Ahora la maraña es otra, porque no podés mostrarlas en el vacío. Igual, nos sigue gustando más lo otro, eh. Aguante el ruido.

De vuelta en el ruido, algo que me pasó también fue que al mismo tiempo venimos arreglando nuestro próximo material y de repente se hicieron viables cosas que nunca hubiera considerado posibles. Yo soy un guitarrista bastante limitado, por eso toco punk. Capaz que ahora me siento más cómodo. Como que al salirte de tu zona de confort es medio inevitable que te des cuenta que contenés multitudes. El espectáculo es un experimento en ese sentido.

https://www.instagram.com/latresacordes

Para Ansiedad Social: Se suman a esta fecha compartida en un entorno distinto al circuito habitual. ¿Cómo dialoga la propuesta de ustedes con esta noche de escucha atenta y qué prepararon para abrir la velada?

(Ansiedad Social): Prestarle oido a Ansiedad Social es esperar lo inesperado. Podemos desaparecer por años y volver de la nada, matar la banda y revivirla o en este caso reinventarla por una noche. El plan es abrir con una de esas canciones que nunca falta en nuestros toques, como una forma de tomar lo conocido y ver si al sacarle la impronta rockera todavía queda algo que vale la pena decir.

Empezaron este camino siendo adolescentes y hoy miran el recorrido desde la madurez de más de una década y media de autogestión. ¿Cómo ven la evolución del movimiento independiente en Montevideo y qué queda de aquel primer impulso juvenil?

(Federico Segredo Simonetti – La Tres Acordes): Aunque es medio un facilismo, cambió absolutamente todo. Para bien. Nosotros entramos muy chicos (yo tenía 14 en 2010) y en un momento en el que todo el mundo estaba al acecho para robarle dos pesos a gurises cobrándoles por tocar sin ofrecerles nada a cambio, o, peor, utilizándolos para financiar sus propios proyectos sin darles espacio para crecer. Eso sigue pasando (chantas hay de todos los colores, en todos lados y en todas las épocas), pero las redes abrieron la cancha para que un montón de artistas aprendieran a hacer autogestión y se pasaran los piques de autocuidado. Igual a veces uno se la manda por no investigar más antes de tirarse al agua.

Otra cosa, cuando arrancamos nosotros era un ambiente decadente, hostil, jodido, híper masculino (en cuanto a las formas violentas de relacionarse). Yo vi, oí y vivi cosas que como adulto no querría que viviera ningún gurí de 15, que pasaban desapercibidas porque yo era un varón que encima parecía mayor de edad. Nada grave, pero siempre al borde. Me salvaba que yo tenía algunas cosas claras y que la banda era un espacio seguro en muchos sentidos. En el ambiente independiente (odio esa palabra) había violencia muy solapada: gente que te daba para adelante de frente y que te enterabas que te bardeaba por la espalda por «no ser punk» o lo que fuera. Como gurí eso te destroza. Gente que era referente de espacios que para nosotros eran lo único que teníamos como expectativa. A mí, personalmente, eso me descorazonó mucho, porque vos leías sobre movidas históricas o incluso contemporáneas en otros lugares y te ilusionabas pila. Pero el uruguayo siempre fue sorete, ventajista, mezquino. Así murieron algunos proyectos, en el olvido porque no quedó nadie que los recordara con cariño. Ni siquiera digo nombres porque es hacerles homenaje. Me enorgullece haber sobrevivido todo eso y saber que hay gente que nos recuerda con cariño por algún gesto o lo que sea.

[Quiero aclarar: igual siempre hubo gente bien. Para mencionar a uno, hace poco se fue el Zapa (Martín Rivero, de Radio El Aguantadero) que era un tipo que le dio siempre para adelante a todo el mundo sin pedir nada a cambio.]

Ojo, que quede claro que nosotros también estábamos embebidos en esa lógica (cualquiera que conozca nuestras primeras canciones lo puede confirmar que no estábamos deconstruidos ni mucho menos). Pero años después no puedo evitar reconocer que me sentía bastante desprotegido. Ahora está todo más cuidado para la gente joven, lo que está demás. Es más difícil encontrarte en una situación vulnerable sin tener alguien de confianza al que recurrir, las comunidades mismas se cuidan para expulsar a los indeseables, hay herramientas discursivas para la denuncia de esas cosas. Hay un poder inmenso en eso que me hubiera encantado tener cuando éramos chicos.

Igual, supongo que el ambiente no escapa a los problemas actuales de la sociedad: a los nuevos, como la dispersión de la atención de cerebros comidos por TikTok, y a los viejos, como pasó hace poco con Power Chocolatín Experimento, que se comieron una multa de 40000 pesos a pesar de haber hecho todo en regla. Siempre hay trabas para la autogestión en este país que se enorgullece de sus músicos (y les hace merecidos velorios con honores) pero que tiene un sistema que apaga al que intenta hacer un poco de ruido. La música en vivo jode porque hace mucho ruido y por algún motivo en esa disyuntiva se decidió darle la razón a la gente amargada.

La autogestión siempre existió. Nosotros siempre nos bancamos a nosotros mismos, con poco asesoramiento y con diferencias internas en el modo de hacer las cosas, como todo el mundo. Sin embargo, me parece que somos los últimos remanentes de una oleada que tuvo que aprender a autogestionar medio a los ponchazos. Capaz es una percepción mía, que viene de nuestra propia historia. Nos costó un poco animarnos a meternos en algunos lugares o hablar con ciertas personas. Confiábamos en que haciendo música buena (el estándar era nuestro) el resto venía solo. Confío en que la cosa hubiera sido distinta si hubiéramos sido buenos en la parte social del asunto.

Sé que lo que voy a decir es un lugar común de viejo choto, pero creo que todo se resume en que ser joven y hacer música independiente en Uruguay es más fácil hoy que hace quince años. A mí me encanta que sea así y ojalá sea cada vez más fácil. El espíritu adolescente hay que dejárselo a los y las jóvenes, que bastante bien lo visten. La gente grande canaliza la bronca —ese gran motor del punk— de otra manera. El espectáculo apunta un poco a eso, también: queremos mostrar que el punk es un modo de ver al mundo, de convertirlo en música, más que una estética o un espíritu concretos. (Respondía con todos los lugares comunes el tipo).

Para quienes están leyendo esta nota —ya sea que conozcan a la banda desde sus inicios o se acerquen por primera vez—, ¿qué les dirían para invitarles a descubrir este formato el 11 de septiembre en la Sala Corchea?

(Federico Segredo Simonetti – La Tres Acordes): Que abandonen toda esperanza.

spot_imgspot_img

CARTELERA

spot_imgspot_img
Artículo anterior

Related articles