Gabriel Otero: Diputado y Cantautor.

Gabriel Otero, ¿qué preferís: mate o café?

Mate, mate. Sí, sin duda. El mate, sobre todo en la mañana, tengo esa necesidad del noventa y nueve punto nueve de los uruguayos del mate amargo y, en los últimos dos años, lo acompaño con proteína, que lo digo en forma de consejo. Coman un omelette muchachos, de mañana no coman harina.

¿Y con quién compartís ese mate que te lleva a un momento en el cual te sustraes del mundo y disfrutas de forma individual o colectiva o acompañado?

A veces en manera familiar, pero habitualmente en forma de trabajo, porque ese mate es el que me pone al día con las noticias y ahí, en eso de armar en el día a día la agenda, en general hago apuntes del día. O sea, es medio solitario ese mate, la verdad. Es medio solitario, pero porque es un gran amigo el mate. Es un gran amigo, que en la tarde no es tan buen amigo, porque patea un poco, pero un poco sí, lógicamente puede ser mi esposa y mis hijas, que toman más un mate, pero en este caso el mate en general en la mañana es el que me ayuda a encontrar la buena idea y a veces, en ocasiones, también con algún amigo. Recomiendo matear con amigos.

Y ahora que ya estamos a solas, en confianza, ¿quién es Gabriel Otero?

En el fondo sigue siendo el muchacho de barrio, porque en realidad siempre he vivido en el mismo lugar, pero en el mejor de los sentidos. El que le gusta y disfruta muchísimo ir al almacén y pasarse media hora hablando de lo que sea a la carnicería del amigo José. Es el que realmente disfruta la caminata por el Prado, y no es por despreciar ningún otro lugar para hacer el deporte y el ocio recreativo. Y sigo siendo el que prefiere, por sobre todas las cosas, estar en el barrio, caminar. Ese sigue siendo el mismo, no ha variado casi nada. Perdí el Gabriel futbolero, quedó por el camino. Ese lo perdí definitivamente, irrecuperable. Perdí el Gabriel que en algún momento podía o tenía más tiempo de irse a tomar una al boliche, ese también lo perdí por varias razones.

Pero ese, ese Gabriel creo que sigo siéndolo, aunque me falta el pelo, pero todo mi recorrido termina en Martín Berinduague y Conciliación, que es la esquina donde me crié. Todos los caminos conducen a Berinduague y Conciliación. Ese es Gabriel. Y después, en el lugar familiar es el abuelo. El padre también, porque si mis hijas leen la nota… Pero el Gabriel abuelo es el que le gana a cualquier agenda, y esto lo digo con mucha responsabilidad. No hay nada que  haga correr al Gabriel abuelo el lugar en la agenda de ver a mis nietos. Nada.

Conocimos a Gabriel militante político, alcalde, diputado. ¿Y de dónde sale Gabriel Otero músico, cantante, cantautor?

Nace de necesidades. El conocimiento con el instrumento viene de muchos años a nivel familiar, de esos que los uruguayos, por suerte, tenemos uno o dos guitarreros por familia, seguro. Y este, yo estoy lleno de tíos, de primos y sobrinos que tocan la guitarra y bueno, eso como tradición de tener la guitarra en mano. El cantautor nace de la necesidad y el aburrimiento de cantar canciones de otro. Yo siempre digo, un día me di cuenta que podía decir algo y que me sentía más honesto, porque a veces estaba destrozando alguna canción. De ahí el cantautor, cuando me di cuenta, me estaba convirtiendo incluso en una especie de trovador biográfico. Porque la introspectiva, por lo menos en lo que escribo, siempre está presente. Y en alguna ocasión ese cantautor defiende lo que piensa. No en todos los casos. No me considero, ni mucho menos, un cantor de protesta, de los de antes, capaz de protestar, no me considero eso, pero surge de alguna necesidad de escribir.

Y después escribir en sí mismo, luego de mi primer libro, “La fila de los inocentes”, luego también del disco, me di cuenta que es un viaje de ida y en cualquier espacio escribo cuentos. Tengo muchos cuentos cortos, y tengo posibilidades de editar también. Así que ese surgió de necesidades propias, como otro hobby primero, y después como la necesidad.

Para terminar, ¿con quién queda pendiente ese mate último que te hubiera gustado o te gustaría tener para compartir un momento de tu vida?

Sí, me quedó pendiente, y esto es algo que inevitablemente mi respuesta siempre va a ser la misma, con mi madre, no hay duda de eso. Yo tengo hoy en día cincuenta y seis años, cuarenta y cinco años que mi vieja falleció, y siento todos los días la necesidad del mate y la charla con mi vieja. ¿Por qué? Porque con los años me di cuenta que el poco tiempo que tuve a mi madre me dejó cuatro, cinco, seis puntos de referencia o de ayuda memoria que fueron clave. Entonces, ahora me gustaría, por ejemplo, saber cómo fue su infancia, qué era vivir en una familia con tantos hermanos y salir adelante, por qué la lucha social, por qué terminó militando por los más desposeídos, que ella era una de ellos. Es decir, siempre me va a llevar ahí, irremediablemente, me lleva ahí. Ya me di cuenta tanto que estoy tras los pasos de su vida.

Gracias, Gabriel.

Vamo arriba. Listo. (04/06/2026)

CARTELERA

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