
“Sacáme de acá y llévame a la pista ya”, dice Dani Umpi, sobre la base de una pista electropop, como si estuviera llamado a un amigo o un amante, que en este caso es lo mismo. Es el inicio del viaje musical junto al productor argentino Julián Desbats. Es el comienzo de una noche de jolgorio sin culpa tras lo que podría ser una ruptura.
“Es una canción enérgica, directa, sin vueltas, de frente, para bailar, levantar el ánimo, romper con todo y ser uno mismo o lo que vos quieras ser”, dice Desbats, productor artístico del disco y encargado de tocar todos los instrumentos del álbum.
Sobre la base de un electropop de consumo irónico el dúo que conforman Dani Umpl y Julián Desbats estalla en una pista de baile imaginaria en Lanús, en el conurbano bonaerense, contando historias de un fin de semana agitado y catártico, una manera de emborracharse de baile para olvidarse de las penas y dar un paso al frente.
“Bromance” es la primera producción oficial de esta dupla creativa, que tiene su antecedente en la colaboración del tema “Zentaura”, single que salió en 2022. Tanto Dani Umpli como Julián Desbats tienen caminos originales en la escena under de sus países. El músico, escritor y performer nacido en Tacuarembó, es un pilar del sonido electropop y la comunidad LGBT en Uruguay. Desbats, fundador de la banda punk los Rusos Hijos de Puta, una revelación en la escena indie a partir de la salida de su primer simple en 2013, desarrolló un personal camino solista que coquetea con el indie y el pop, a lo largo de cuatro discos.
Este material conjunto empezó a cocinarse a fuego lento durante el verano de 2023. Julián compuso toda la música pensando en la versatilidad de Dani para transformar una melodía en una obra lúdica de arte efímero. “Es un disco que narra la historia de dos amigos, dos amigas, el sexo no está definido, y que salen a una noche de boliche electrónico y pasan todas esas peripecias”, cuenta Desbats.
Esta producción de sonido Lo-fi, minimalista y sofisticado, fusiona estos universos y deja al descubierto la química natural entre los dos artistas. Sus letras son desprejuiciadas, sensuales y divertidas. La música es una rueda frenética, un shock de electropop de escala ascendente, una pista sobre la que bailan sin descanso.
Dani y Julián parecen haber nacido para encontrarse en una disco y bailar juntos con tacones o zapatillas hasta desfallecer, envueltos por bases electrónicas, baterías programadas y sintetizadores, luces de neón, rayos láser, máquinas de humo y ese perfume ácido del sudor, el tabaco y el alcohol.
“Hagámoslo de nuevo, mordiscos en el cuello, bebamos de este fuego, soy un Taunus naftero”, cantan Dani Umpi y Desbats, sobre los beats y los acordes de un sintetizador que suena circular y repetitivo en la canción “Anamá y Taunus”: la modelo brasileña Anamá que vive en Buenos Aires fue un ícono de la noche porteña de los setenta y el Taunus, un modelo de un auto de diseño moderno de aquellos años.
“Bromance”, el primer capricho musical de esta dupla rioplatense, se anuda a través de nueve historias ambientadas en la disco y sus periferias. El pulso synth pop heredado de los ochenta, podría ser una continuidad un poco más punk de Virus en las disonancias de las voces y los efectos sonoros en “Mustapha”, aggiornado por el uso urbano del autotune. En cambio, una canción como “Nacha”, sintoniza con el lascivo encanto del pop español de Miguel Bosé y la poética hedonista de Babasónicos.
La fantasía burbujeante de “Alaska”, es un conjuro festivo de EDM, que trepa sobre las palpitaciones graves de los beats electrónicos. Se trata de ser otro por un rato, olvidarse de la realidad, entregarse al ritual del baile y nada más. “No quiero saber cuál es la situación / no hay nada que perder / después decímelo”, repiten Dani Umpi y Julián Desbats, mientras sus voces cabalgan entre el éxtasis y la desesperación.