Fabricio Berti, la mente detrás del proyecto Cacciatore, se encuentra en pleno tránsito creativo hacia su cuarto álbum de estudio, producido junto a Nicolás Demczylo. A través del lanzamiento de su single «Amor articular», el músico y artista visual despliega una vez más su universo sonoro, donde el synth pop, el electro rock y el dream pop convergen en una propuesta en la que sonido e imagen forman una sola identidad.
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En tus discos y presentaciones en vivo la música dialoga de forma indisoluble con las artes visuales. ¿Cómo nace esa tensión entre imagen y sonido al momento de gestar una canción? ¿Concebís primero el paisaje estético o es la textura sonora la que va diseñando el universo visual de Cacciatore?
Desde los comienzos del proyecto, lo visual ha sido parte esencial de Cacciatore; tanto el diseño como la performance son fundacionales y fundamentales en la comunicación. Aparte de músico, soy artista visual, y veo el arte como un todo, creo en la riqueza de lo multidisciplinario. Mi inspiración para la creación de una canción casi siempre parte de lo musical o conceptual, la imagen viene después. En mis 3 primeros discos, el proceso siempre empezó de forma más abstracta y libre en el momento de componer; el propio proceso iba develando elementos, y como cazador que soy, estoy alpiste de los movimientos entre el follaje,. Ahí van apareciendo las imágenes, las ideas, el rumbo, siempre partiendo de la emoción y la visión.
En “El sueño despierta”, recién al tener el disco avanzado, pude comprender el espíritu de la obra, que tiene que ver con lo genealógico, la historia de vida, el mundo que soñamos, y cuánto influyen los afectos y lo vivido en la apertura de esos sueños. En el caso de este disco nuevo, “Amor articular”, fue distinto; el concepto nació del nombre de la canción que también le da nombre al disco. Ahí encontré algo potente que me gustó, que marcó una dirección, y desde ahí se ha ido construyendo.
Trabajar en un nuevo álbum junto a Nicolás Demczylo abre siempre nuevos espacios de exploración. ¿Qué temáticas, vivencias o influencias han alimentado las canciones de este nuevo material y qué huella particular viene a imprimir «Amor articular» dentro de la discografía del proyecto?
Con Nico digamos que trabajamos juntos desde 1999, cuando tocábamos juntos en Faraday. Luego empezamos a trabajar en mi proyecto, y luego creamos un dúo en paralelo, Turú Dorōm, y seguimos trabajando en Cacciatore hasta la actualidad.
Más allá de una gran amistad, nos entendemos muy bien, tenemos criterios que encajan, y disfrutamos el tiempo laburando juntos. Esta cantidad de años hace que cada nueva etapa se convierta en una posibilidad de seguir profundizando en la música, en el sonido, en los conceptos y lugares a explorar. Este disco está siendo un nuevo desafío; por ejemplo, es la primera vez que llevo mis composiciones para trabajarlas con la banda en los ensayos, una apuesta a abrir la cancha y crear algo más en conjunto. Más allá que son composiciones propias, vienen nutriendo mucho los aportes de los demás integrantes.
“Amor articular” es un disco sobre lo vincular, sobre nuestra relación con el otro y con nuestro propio cuerpo. Es un disco más físico, pero no por eso sin vuelo y ligereza; hay sin dudas una exploración de esas compensaciones. Es también un disco más ecléctico, hay para todos los gustos!
Tu sonido apela a despertar una «memoria afectiva» pones en circulación desde el presente. ¿De qué manera dialogan en tus temas las nostalgias del synth pop o el postpunk con el contexto actual y la necesidad de llevar esa sensibilidad a la pista de baile?
Nací en 1980, así que la nostalgia y el synthpop están en mi adn. Crecí escuchando eso, y en cierto momento, cuando empecé a componer las primeras canciones, encontré un refugio y un lugar para manifestar emociones profundas y una visión del mundo. La memoria afectiva me hace encontrar melodías en lugares muy íntimos y preciosos; una nostalgia que va más allá de mi historia personal, una memoria universal. Y la pista de baile es un lugar increíble para conectar, exorcizar, celebrar la vida. El movimiento y la emoción hacen girar la tierra, quiero aportar desde ese lugar.
La escena independiente ha encontrado en los cruces entre la electrónica, la canción y las pistas alternativas un territorio compartido con proyectos como Gemelo o selectoras como Wanda Martin y Victoria Brion. ¿Cómo percibís la evolución del pop electrónico en nuestro medio y qué representa para vos construir cultura de pista con impronta local?
Es un momento muy bueno en ese sentido, hablando de la escena local. Hay un montón de propuestas y proyectos buenísimos y variados que han abierto la cancha en un Uruguay que tiene paso lento para los cambios. Fechas como las del 2 de octubre, con Gemelo y su post punk e indie pop, Victoria Brion llevando el estilo de su propuesta al dj set, y Wanda Martin que nos hace bailar con su set explosivo y variado, son un ejemplo de un criterio moderno en la producción de una fecha con diversión asegurada.
Para quienes están leyendo esta nota y quieren adentrarse en este universo sonoro o acompañar este reencuentro en la Sala Rondeau, ¿qué les dirías para invitarles a formar parte de la experiencia en vivo?
¡Vengan!¡No se lo pierdan! Va a ser una linda noche primaveral para bailar. Tanto Cacciatore como Gemelo, vamos a lanzar material nuevo antes del show, así que van a llegar tarareando nuevos y frescos estribillos de esos que te mueven, y te emocionan.




