Con una carrera que comenzó precozmente en los escenarios a los 8 años y una inquietud constante que la llevó a cruzar el género con el jazz, la bossa nova y el candombe, April llega a Mujeres al Tango con Florilegio, un espectáculo que define como una investigación musicalizada. Acompañada en el piano por Franco Polimeni, la artista propone rescates fundamentales —como la poesía de Idea Vilariño o la figura de Paquita Bernardo, la primera bandoneonista argentina que Gardel llegó a grabar— para reinterpretar la música rioplatense desde la ternura, el erotismo y la luminosidad. Entre homenajes íntimos a sus propias ancestras, la búsqueda de un formato acústico donde la escenografía cobra vida con plantas naturales y la urgencia de acercar el género a las nuevas generaciones, April repasa el universo poético de un show tan sensible como transformador.
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¿Cómo nació tu propuesta musical y qué inquietudes o referencias te llevaron a volcar tu energía en el tango?
Florilegio empezó con la inquietud de investigar poesía femenina de los siglos XIX y XX, sacar a las mujeres de los roles de Cuidadora, la santa madrecita, la noviecita inmaculada, la milonguita de vida alegre que hace sufrir al varón que la ama. Si nos fijamos bien, son mujeres que muchas veces quedan reducidas a un diminutivo, a un personaje o a una función dentro de la historia de otro. Por eso mi intención es sacarlas de la posición de objeto y contemplarlas desde la perspectiva de sujeto deseante, creativo, cíclico, con su humanidad, sus humores, su erotismo; como protagonista deseante. No solo como musa sino como creadora.
Le compartí esta idea a Franco Polimeni, un gran pianista argentino radicado en Uruguay. Él me dió para adelante, me prestó un libro que encajaba con la propuesta y nos pusimos a elegir algunas piezas espectaculares, como la “Carta II” que le escribió Idea Vilariño a Onetti estando en Paris. Fuimos musicalizando algunas de esas piezas; Franco probando armonías, yo inventando melodías y fijando lo que nos iba gustando. Han sido semanas de un laburo muy lindo, muy intenso.
No se ve todo lo que hay detrás de un toque como Florilegio. Las mañanas de café investigando tremendas artistas, como Paquita Bernardo, la primer bandoneonista Argentina, “la flor de Villa Crespo”, que tuvo su propia orquesta donde tocó Pugliese siendo adolescente. Y no estamos hablando de las orquestas de señoritas; era la protagonista de la escena musical del momento, que falleció con 25 años y llegó a registrar unos 15 tangos; dos de los cuales cantó el propio Gardel. Para mí esas son las mujeres que hay que rescatar del olvido. Honrarles las aperturas de camino que hicieron en una época donde lo que heredaban las mujeres era el delantal de la cocina; Traerlas al presente con orgullo, con amor, admiración. No desde “la lucha” sino para tenerlas presentes como inspiración para la actualidad y para el futuro.
Es una investigación musicalizada. Fui hilvanando obras tangueras, poesía femenina, mi propia historia dentro del género. Hay una poesía de mi autoría que estamos terminando de musicalizar con Franco y es la que le da nombre al espectáculo. Surgió mientras preparaba a mis alumnos de canto para que compusieran sus propias canciones. Para darles el ejemplo, un día, scrolleando en Instagram, me aparecieron unos ramos de flores preciosos y empecé a escribir sobre las flores. Así encontré la palabra Florilegio. Casi al mismo tiempo recibí la convocatoria de Julia Guerriero, de Fans de la Música, para participar en Mujeres al Tango. Me pareció una sincronía maravillosa. Cuando uno está atento, el universo te va guiando.
Y hay algo más personal detrás de este ramillete de obras. Recuerdo un tango que canté hace muchos años en el Teatro Solís, Quedémonos aquí, que dice: «Se despierta la mañana y tengo ganas de juntarte un ramillete de rocío». Cuando yo era adolescente, mi madre atravesaba la etapa terminal de su enfermedad. Un día, cuando ya no podía caminar, salí al pequeño jardín de casa, junté un ramillete de rocío y se lo regalé. Fue el regalo más lindo que hice en mi vida. Por eso, de alguna manera, FLORI (flor) LEGIO (elegir/ recoger) también es un homenaje a mis ancestras, a mi madre y a mi abuela, Magarita; a sus deseos, esos que muchas veces no llegaron ni a nombrar porque estaban demasiado ocupadas atendiendo los deberes y las obligaciones. Es una forma de honrar esos deseos a través de la poesía y la música.
A la hora de abordar las canciones, ¿cuáles son esas influencias o universos sonoros que más nutren tu manera de arreglar e interpretar?
Cuando era chica, mi madre escuchaba folclore, boleros, temas melódicos, al igual que mis tías. El tango lo descubrí de rebote, moviendo el dial a los 4 años y me enamoré de las voces graves y los mensajes profundos. A los 8 empecé a cantar tango en los escenarios y a los 9 ya trabajaba como cantante de tangos y hasta entrados los 20 nunca quise cantar otra cosa.
Cuando quedé embarazada a los 24 me mudé a Mercedes y empecé a trabajar en torno a un movimiento de Jazz bien importante que hay en esa ciudad. Me apasioné con los clásicos del jazz y la bossa nova, que hoy forman parte de mi manera de interpretar. También me fascina el candombe, los boleros, las chacareras…
Con Franco coincidimos bastante en nuestros gustos musicales, así que me resulta muy fácil trabajar con él a la hora de seleccionar canciones, temáticas y ritmos. Vamos haciendo fusiones de tango con chacarera, bossa nova, boleros y el candombe, milongón y son cubano, construyendo una propuesta mucho más rica y ecléctica que, aun sosteniéndose solamente en piano y voz, nos permite hacer un tremendo paseo cultural y regional.
También adoro la obra de Eladia Blázquez. Su composición me llega muchísimo. Tiene una forma de escribir muy simple, muy coloquial, y absurdamente profunda. Si bien algunas de sus letras son muy crudas, otras me parecen caricas a los oídos.* “Cualquiera de estas noches*” es un gran ejemplo, porque tiene esa ternura, esa intimidad y esa luminosidad que quiero mostrar. Quiero que podamos encontrarnos con un tango amoroso, cercano, que no esté siempre atravesado por la pesadumbre.
Otro tema de Eladia que incluimos es Siempre se vuelve a Buenos Aires. Imaginate que Buenos Aires es el tango y que uno siempre está volviendo. Tiene una armonía complejísima y, como siempre me han gustado los desafíos, Franco me complace en tomar estas piezas y hacerlas de una manera nueva.
Al presentarte en el marco de Mujeres al Tango, ¿qué tipo de atmósfera o conexión buscás construir con el público desde el escenario?
Lo que busco con Florilegio es generar complicidad con el público para adentrarnos en los mundos emocionales riquísimos de las mujeres que vienen siendo y haciendo arte desde siempre. Mi eje central es el deseo femenino, mostrado a través de las poesías, las canciones. Y cuando hablo de deseo no me refiero solamente al deseo erótico, sino también a las ganas de vivir, de crear, de elegir, de disfrutar, de tener una voz propia. A la posibilidad de ser muchas cosas al mismo tiempo, sin tener que encajar en un único personaje.
Quiero que en el espectáculo haya ternura, intimidad, sensualidad y también luminosidad. Que podamos encontrarnos con un tango que nos emocione, pero que no necesariamente nos deje sumergidos en la tristeza. Es muy bello poder hablar del amor desde otro lugar, en permitirnos el placer, la cercanía y la alegría. Me gusta pensar que cada pieza es una flor distinta que embellece al conjunto.
La presencia de las plantas naturales en el espacio escénico también dialoga con esta idea. Quiero que el entorno acompañe esa experiencia sensorial, que haya algo orgánico, vivo, fresco, que nos conecte con las flores, los frutos, los aromas y el cuerpo. Que el escenario sea parte de ese universo y no solamente un lugar desde donde se interpreta música.
En definitiva, quiero compartir una experiencia artística que nos permita encontrarnos con nuestras propias historias, deseos, esos que dejamos guardados por estar demasiado ocupados cumpliendo con lo que se espera de nosotros. Darles lugar. Conectar con eso y salir un poquito más “sanos”, más conectados.
¿Cómo ves el panorama actual del tango en Montevideo y la apertura de espacios para propuestas que buscan salirse de lo convencional?
Creo que está buenísimo que las nuevas generaciones se vayan apropiando de la confianza para interpretar y liderar el tango. Hay que traer el tango a lo cotidiano. El tango no tiene por qué ser algo lejano a los jóvenes. Es un legado de nuestros abuelos, de nuestros padres, y la forma de mantenerlo vivo es tomarlo como propio y ofrecer nuevas perspectivas con mucho amor.
Siento que hay que ocupar más espacios públicos con la bandera del tango y aprovechar todas las herramientas que tenemos hoy para difundirlo. A nivel internacional también podríamos generar mucho más intercambio, porque en Uruguay hay artistas maravillosos, con una enorme potencialidad para dar a conocer en el mundo tanto los tangos de siempre como las nuevas propuestas.
Yo soy del club de la mejora continua. Estoy contenta de ver que el tango se está moviendo y que hay jóvenes acercándose al género, y creo que todavía podemos hacer mucho más; aprovechar mejor todo esto que es nuestro, que forma parte de nuestra identidad y que nos pone en el mapa cultural del mundo.
Por eso me parecen tan importantes los ciclos como Mujeres al Tango: son espacios que permiten encontrarnos, compartir búsquedas y presentar propuestas que no necesariamente siguen los caminos más convencionales. Nos dan la oportunidad de mantener vivo el género, no repitiéndolo de manera idéntica, sino haciéndolo interactuar con nuestro tiempo, con nuestras inquietudes.
Para cerrar, ¿hacia qué nuevos horizontes, grabaciones o presentaciones proyectás orientar tu camino musical en los próximos meses?
Florilegio para mí, es una excusa para reencontrarme con ese primer amor, el tango. Y también para compartir con la gente estos datos, poesías, estas joyas que me voy encontrando y que no quiero guardar solo para mí.
Con Franco estamos terminando de musicalizar algunas de estas poesías y queremos aprovechar esta instancia para registrar la propuesta, de modo que podamos presentarla también en otras latitudes.
Me entusiasma la posibilidad de seguir investigando textos de mujeres que escribieron cosas maravillosas y que, por distintas razones, quedaron olvidadas o no tuvieron la difusión que merecían. Siento que hay mucho por descubrir y que cada texto puede abrirnos puertas a otra manera de vivir el deseo femenino. Confío siempre en que los planes del universo son mejores que los míos, así que estoy abierta a compartir este Florilegio con quienes estén prontos para oírlo.



