Lucía P. Vivas: la máscara es un misterio que exige preparar todos los frentes interpretativos

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Luego de dos décadas residiendo e investigando en Chile, Bali, Francia, México y Perú, la artista escénica uruguaya Lucía P. Vivas concreta el «plan secreto del corazón» que impulsó su regreso: conectar con la escena local para compartir una pedagogía donde el teatro, la danza, el diseño y las tradiciones del Sur Global convergen en una misma práctica viva. Durante todo el mes de noviembre, el espacio La Huella (Montevideo) será sede de una propuesta intensiva que abarca laboratorios de actuación y confección hasta conferencias performáticas con trajes, danzas y material de bitácora. Alimentada por el cruce entre maestros contemporáneos como Alicia Martínez o Débora Correa y las fiestas populares andinas, la creadora despliega una herramienta de transformación profunda. En esta conversación, Vivas detalla la dinámica de este encuentro sabatino pensado para artistas y curiosos del movimiento, la vivencia de alterar la percepción del tiempo y el valor político y poético de prestarle el cuerpo a un nuevo rostro.

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Después de veinte años fuera de Uruguay investigando y dirigiendo en diversos rincones del mundo, ¿cómo se gestó este regreso y qué significa cumplir con ese «plan secreto del corazón» de volver para nutrir y entrelazar saberes con la escena local?

Se gestó y se gesta, creo que es un proceso largo, desde el deseo primero, de estar en Montevideo, de que los días sean ahí. Y después agarra fuerza al ir reconociendo que tengo herramientas que pueden ser útiles y renovadoras para las personas que practican oficios escénicos afines al mío. Ahí el deseo se vuelve querer compartir eso, compartir procesos de exploración, creativos y pedagógicos.

Sueles definir a la máscara no solo como un objeto, sino como tu gran escuela transdisciplinar. ¿Qué potencia o misterio encontrás en ella que le permite articular la actuación, la danza, el diseño, la antropología y las distintas teatralidades territoriales?

Uy! Creo que lo decís muy bien al decir misterio. Y ahí entra este arte lindo de abrazar eso, lo que una no puede saber pero puede rodear. La cosa es que cuando la máscara vive sucede de forma evidente, aunque no se pueda decir exactamente por qué. Lo que a mí me fascina es preparar todos los frentes interpretativos posibles para estar listos, listas, disponibles para ese momento.

Para quienes participen del intensivo en La Huella —que abarca desde el uso escénico hasta conferencias performáticas—, ¿qué nos podés adelantar sobre la dinámica de trabajo y el tipo de experiencia práctica con la que se van a encontrar?

La invitación es a detenernos 4 horas cada sábado de noviembre. Detenernos juntes y disponernos a comprender y habitar el tiempo, la percepción, la acción y el movimiento desde otro lugar. Desde un lugar que nos prepare para estar disponibles y que al enmascararnos para la escena nuestro cuerpo pueda ser de otro, para poder habitar el presente desde otro ser, otro rostro y todo lo que trae con él.

Y en las conferencias performáticas la invitación es a escuchar historias, reflexiones y teorías que surgen desde el estudio de las máscaras. Voy a contar entorno a máscaras concretas, de teatralidades territoriales de la zona andina, de Bali y de la escena teatral contemporánea en varios países de Latinoamérica. Voy a mostrar algunas de ellas, con sus trajes y sus danzas. También voy a mostrar material audiovisual de las bitácoras de los viajes que han sustentado este camino… en fin. Voy a contar historias para todas las personas que se interesan por la máscara de alguna manera.

En un recorrido que abarca aprendizajes con maestros de Chile, Francia, Perú y Bali, e investigaciones sobre tradiciones occidentales y del Sur Global, ¿quiénes han sido tus grandes referentes e inspiraciones para construir esta pedagogía propia?

Las maestras Alicia Martínez Álvarez de México y Débora Correa de Perú son quizás quienes más me han determinado, en el vínculo con la máscara y su entrenamiento desde lugares bien distintos. También Pak Djimat y la maestra Sekar de Umah Kodok en Bali, en la villa de Batuan. Aunque mis primeras aproximaciones escénicas fueron con Duccio Bellugi del Teatro del Sol, en un seminario que hizo en Chile el 2010 o por ahí, y luego en Paris, viéndolo actuar. Y antes de eso mis referentes son los y las danzantes de la fiesta, en particular de La Tirana en el norte de Chile y luego desde la zona del Cusco en Perú.

Para cerrar, si tuvieses que hacerle una invitación directa a actores, bailarines, artistas plásticos o curiosos del movimiento que estén dudando en sumarse a los talleres, ¿qué les dirías que se van a llevar de este encuentro con la máscara?

​​Se van a llevar unos tesoritos que les van a servir. Yo creo que eso queda. De la experiencia de entrenar juntos, de cambiar el tiempo y luego de enmascararse y de ver el enmascaramiento de les otres, se van gestando comprensiones de una misma, como cuerpo y presencia escénica, como herramienta para la expresión y la comunicación, que se puede pulir, se puede profundizar y se puede proyectar. Y el placer que ese proceso de trabajo, al que nos invita la máscara, produce. Van a llevarse también algunos ejercicios concretos que cada quien apropiará y luego podrá aplicar en su camino.

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CARTELERA

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