«Habitar el tango hoy pasa por explotar una forma de decir que no me pasa con ningún otro género»
Entre los recuerdos de las cantarolas en La Aguada, la infancia junto a las barracas de lana y la mística de las cantarolas familiares donde su padre entonaba «Melodía de arrabal», Gabriela entiende el género rioplatense como un viaje emotivo y visceral. Integrante de la grilla de Mujeres al Tango, la cantautora e intérprete combina la reverencia por las pausas y el fraseo clásico con una marcada influencia del jazz, el impulso de rescatar tesoros ocultos y el compromiso con los autores contemporáneos. De cara a su show en Sala Corchea el 23 de octubre, la artista repasa su trayectoria barrial, la búsqueda de una voz propia en el formato despojado a guitarra o piano y el anuncio de un estreno exclusivo como homenaje a Eladia Blázquez.
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¿Cómo fueron tus primeros acercamientos al tango y en qué momento sentiste la necesidad de adoptar este lenguaje para desarrollar tu camino interpretativo?
El tango está en mí desde que nací. Mi primer contacto fue en casa, en la mesa familiar junto a mis abuelos, mis tíos y mi padre; con ellos escuché los primeros tangos, que quedaron grabados en aquella niña que empezaba a cantar.
También está mi vínculo con el barrio: vivo en La Aguada desde siempre y siento un lazo muy fuerte con la identidad barrial. Hay una carga emotiva que me conecta con la infancia, con las barracas de lana, subir el empedrado hacia el Palacio Legislativo de la mano de mi abuelo Tata, el canillita del barrio, para ir a buscar pasto para los Reyes Magos….
De esa época recuerdo las cantarolas familiares que iban desde tangos, murgas y boleros hasta canciones de la Troupe Ateniense, los bares del barrio y la emoción de mi padre, el Yeyé, cantando en la calle «Melodía de arrabal» junto a un vecino guitarrero.
Como intérprete estuve buscándome en diferentes estilos, pero cuando cantaba tangos aparecía una forma de explotar y de decir que no me pasaba con ningún otro género. Es una sensación entre corporal y emotiva: un verdadero viaje.
Cuando comencé a sumergirme en el tango, descubrí que, además de todo lo que su música y su poesía me conectaban con mi esencia, había un lenguaje específico que debía aprender. Fue ahí donde empecé a escuchar cantores, cantoras y orquestas, a profundizar en los fraseos y a vincularme activamente con los músicos uruguayos que hacían tango
El ciclo Mujeres al Tango propone una lectura sensible y contemporánea del género. En tu caso, ¿cómo trabajás el repertorio para que las letras y los arreglos dialoguen con tu propia vivencia?
En primer lugar está la intérprete. Para mí lo esencial fue, por un lado, el compromiso con el decir y con el texto que elijo cantar; por otro, la búsqueda personal de mi propia voz: lograr sonar a Gabriela. En definitiva, el intérprete también es un creador, aunque a veces no sea fácil de reconocer.
Como cantora, siempre me interesó construir un repertorio personal. Me apasiona explorar y jugármela por tangos no tan transitados, porque el género tiene un universo enorme por descubrir. Si bien me encanta cantar en diferentes formatos, el formato mano a mano con guitarra o piano me apasiona por el desafío que representa: ese encuentro despojado que deja al desnudo a la cantora y la expone de forma cruda.
Mi repertorio bucea entre obras de hace muchos años, algún clásico indispensable y la obra de nuevos creadores.
El tango todavía tiene mucho por descubrir. A veces nos quedamos mirando solo hacia atrás, y es verdad que hay un repertorio enorme que me interesa conocer, re interpretar ,tesoros ocultos. Pero también están los tangos del hoy.
Es necesario tomar esos tangos de ahora y cantarlos, para que con el tiempo se transformen en clásicos.
Lo siento como un compromiso con las vivencias actuales, con lo que nos pasa hoy. Por eso, en mi repertorio busco siempre que las autoras y autores contemporáneos estén presentes. Ellos necesitan de mi voz para transmitir su obra, y para mí es un orgullo ser el medio para que esa música y poesía lleguen, y se escuchen.
Históricamente el tango ha estado cargado de estructuras y códigos muy marcados. ¿Qué libertades o búsquedas expresivas encontrás hoy al cantarlo desde tu lugar?
El tango posee códigos y estructuras que hacen a su esencia misma. Moverse en él exige dominar las pausas, el fraseo y la media voz; herramientas apasionantes que le dan su identidad única. Sin embargo, mi búsqueda expresiva no se agota en el género.
La música en su totalidad atraviesa mi interpretación. Me habitan múltiples influencias, en especial las grandes vocalistas del jazz como Ella Fitzgerald y Billie Holiday, a quienes he admirado y escuchado. Esa convivencia de universos influye inevitablemente en mi manera de decir y cantar el tango hoy.
¿Qué importancia le asignás a la existencia de ciclos como este para el encuentro, la visibilización y el fortalecimiento de las artistas en la escena montevideana?
Su importancia es total, vienen a hacer visible una realidad que ya es innegable: somos muchísimas las mujeres haciendo tango en nuestro país, sosteniendo la escena, estudiando sus códigos , instrumentistas , cantoras y empujando el género hacia adelante. Además, me encanta compartir este ciclo con otras colegas. Cada una tiene algo nuevo que aportar y su propia forma de sentir esta música. La verdadera riqueza está en lo diverso; todo suma para que el tango siga estando más vivo que nunca.
Para cerrar, si tuvieras que elegir una canción o tango de tu repertorio que condense tu momento artístico actual, ¿cuál sería y por qué?
Elegir un solo tango del repertorio es una tarea difícil. Para el concierto en Corchea, seguro que algún clásico se nos va a colar, pero los autores contemporáneos también van a estar muy presentes, también alguna sorpresa. Es más: en esta entrevista me comprometo a estrenar una versión del tango «Carta para Eladia», un homenaje a una de las compositoras fundamentales del tango, Eladia Blázquez. Esta obra resume de alguna manera todo lo que venimos conversando, tiene letra y música del guitarrista Carlos Gómez, quien además me estará acompañando en el escenario.




