Estefanía Melonio: Del abrazo del tango a las raíces del folclore

Con una voz potente que ha recorrido importantes escenarios de Uruguay y Argentina, la cantante rioplatense Estefanía Melonio ha sabido consolidarse dentro de la escena del tango para luego expandir su horizonte hacia la música de raíz folclórica. Tras la repercusión de su disco debut “Tango” (2018) y la consolidación de su proyecto “Melonio canta Arenas” —obra concebida junto al poeta José Arenas que contó con el apoyo de Fondos Concursables y el FONAM—, la artista combina su formación vocal con la psicología para abordar la interpretación desde una mirada reflexiva, expresiva y conceptual.

—Tu formación académica se divide entre la música y la psicología. ¿De qué manera dialogan ambas disciplinas al momento de abordar la interpretación vocal, la construcción de tus espectáculos y la conexión emocional con el público?

Entiendo al individuo como un todo, mente-alma-cuerpo, y es esa totalidad la que se presenta en el escenario. Siempre transmito a mis estudiantes que no cantamos con la garganta sino con todo el ser lo cual vuelve el acto artístico en una especie de acto mágico si se quiere. El que canta «las penas espanta» las alegrías contagia y todas las emociones que siente ahora son parte de un todo. Ayer ví un análisis de un vídeo de la mezzosoprano Cecilia Bartoli que decía que creemos que elevar la voz es «mejor» y sin embargo cuando retenemos el grito el oyente siente también en el pecho esa «represión» o esa congoja, más bien esa intensidad. Lo mismo sucede con todas las emociones: la sala es un continuo feedback entre el público y los músicos. Un ida y vuelta energético y emocional. Por eso la música es intangiblemente sanadora. Solamente la vibración produce sanación, súmale las historias que cuenta el tango que son universales, las emociones que resuenan en espacio… Creo firmemente que un@ simplemente tiene que SER un@ mismo en el escenario. Es cuando más cerca nos sentimos los unos de los otros. Porque al fin y al cabo somos lo mismo, polvo de estrellas, «uno mismo con otro cuero» diría Atahualpa. Y cierro con una frase de C. Buika, «los seres humanos nos amamos profundamente aunque nos quieran hacer creer lo contrario».

—En 2018 debutaste discográficamente con “Tango”, un álbum fuertemente arraigado en la tradición ciudadana, mientras que en “Melonio canta Arenas” te abriste hacia ritmos folclóricos y nuevos conceptos. ¿Cómo fue esa transición estética y qué búsquedas sonoras te impulsaron a explorar el folclore?

Siempre fui muy curiosa, he cantado muchos géneros musicales y cuando casi «se me acabaron», dije, «¿y ahora qué hago?» Y me acordé de Arenas que me había enviado poesías para musicalizar así que comencé a hacerlo con la alegría del invento y la libertad de una niña. José me pasó chacareras, zambas y otras. Conocía el folclore uruguayo, sobre todo la MPU y también el argentino, influencia de mi padre, escuchábamos en familia y mi hermana lo bailaba (y yo le copiaba) así que no me era ajeno. El folclore argentino me fascinó: Chango Farías Gómez, Mercedes, Raúl Carnota, etc., y de aquí El Sabalero —de mis pagos— me hacía llorar. De chiquita papá nos llevaba a los festivales folklóricos en Carmelo y nos quedábamos hasta lo último, tapadas con mantas, que llegaba el Pepe Guerra o Larbanois Carrero. Una belleza.

—El proyecto “Melonio canta Arenas” y el espectáculo “Si no tiene un sentimiento”, retírese nacen de una estrecha colaboración con el poeta José Arenas. ¿Cómo se dio el proceso creativo de adaptar sus textos a tu voz y qué impronta le aporta esa química autoral a tu repertorio?

Fue un proceso creativo hermoso y espontáneo. Solo comenzaba a leer y al tercer verso ya estaba creando la melodía y luego armonía. Por último, arreglos de músicos amigos que se acercaban a colaborar con gusto. José me dio plena libertad, me decía que podía cambiar palabras que ni él se acordaba bien de lo que escribía, jaja! A mí me gusta mucho este nuevo repertorio. Pero como decía alguien por ahí, la muerte es el mejor sponsor, jaja! Veremos. Hace poco una profe de coros de niños de Santa Fe me pidió la partitura del tango «Juanito Laguna», así que veremos, dijo un ciego.

—A lo largo de tu carrera has mantenido una intensa actividad de giras por salas teóricas, milongas y centros culturales de Uruguay y Argentina. ¿Qué diferencias encontrás al interpretar este repertorio en la intimidad de un espacio pequeño frente a la puesta en escena de un auditorio como el Vaz Ferreira del SODRE?

Ninguna, gracias a Dios siempre encuentro esa intimidad en cualquier espacio.

—Pensando en el camino recorrido tras las repercusiones de tu último material y el impulso de los apoyos culturales que respaldaron tu trabajo, ¿hacia qué conceptos, ideas o arreglos estás orientando la búsqueda de tus próximos proyectos artísticos?

Buena pregunta. No lo he pensado

—Para quienes están leyendo esta nota y desean acercarse a tu propuesta en vivo, ¿qué les dirías para invitarles a descubrir este universo donde el tango, el folclore y la poesía se cruzan en el escenario?

Que les esperamos con el corazón abierto como siempre.

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CARTELERA

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