El mapa de los trazos inciertos

El próximo domingo 23 de agosto a las 20:00 horas, la Sala Hugo Balzo del SODRE recibe a Rodrigo Inthamoussú con Salir del garabato, un espectáculo que combina canciones originales, relatos y una cuidada puesta en escena para recorrer los trazos inciertos de la vida. A través de un arco narrativo dividido en cuatro momentos —el enredo, el desprendimiento, la reconstrucción y la salida—, este espectáculo invita a recorrer las cicatrices y contradicciones de la experiencia humana para convertirlas en encuentro. Conversamos con Rodrigo sobre el proceso detrás de este viaje, los géneros que le dan forma y el valor de la música como refugio.

Salir del garabato es un título que transmite movimiento y transformación. ¿Qué cosas se estuvieron moviendo en tu vida o en tu música durante este tiempo hasta terminar cobrando forma en este espectáculo?

Sí, creo que hubo bastante movimiento en estos últimos años, tanto en lo personal como en lo musical. Después de Salir, que fue mi primer disco solista, quedaron muchas canciones dando vueltas, algunas más terminadas, otras medio en proceso, y de a poco fueron encontrando su lugar.

Y también siento que cambió mi manera de mirar las cosas. Empecé a prestar mucha más atención a esas pequeñas historias del día a día, a los encuentros, los desencuentros, lo que pasa en la ciudad, las conversaciones, los vínculos… cosas que quizás antes pasaban más desapercibidas y que después terminan apareciendo en una canción.

Por eso me gusta tanto la idea del garabato. Porque uno muchas veces empieza a dibujar sin saber muy bien qué está haciendo, simplemente va haciendo trazos, probando, tachando, volviendo para atrás… y en algún momento aparece una forma. Con las canciones me pasó un poco eso. Fueron apareciendo trazos de distintas épocas y de distintos momentos, y cuando los junté empecé a descubrir que había una historia ahí.

Entonces Salir del garabato tiene que ver un poco con eso: con sacar esas canciones del lugar más íntimo y privado de la creación y compartirlas. Darles forma de espectáculo, ponerlas en diálogo entre ellas y también con los músicos y con el público. Y quizás también salir yo un poco de ese garabato personal para ver qué pasa cuando esas canciones empiezan a ser de todos.

En lo sonoro, la obra se nutre de elementos del candombe, la murga, la canción rioplatense y de autor. ¿Por qué sentiste que estos géneros en particular eran el vehículo adecuado para contar esta historia?

Yo creo que esos géneros aparecieron de una manera bastante natural, porque son músicas que forman parte de mi recorrido y de mi manera de entender la canción. No fue tanto decir “voy a mezclar candombe, murga y canción rioplatense”, sino que, cuando las canciones empezaron a tomar forma, esos lenguajes ya estaban ahí, porque también son parte de lo que soy como músico. En mi recorrido conviven justamente la canción popular, la murga, el teatro musical y distintas formas de creación vinculadas a la música uruguaya.

Además, siento que cada uno de esos lenguajes tiene una manera particular de contar. La murga tiene algo muy fuerte de lo colectivo, de mirar lo que nos pasa y devolverlo transformado en canción. El candombe tiene una energía, un movimiento y una identidad muy particulares. Y la canción de autor me permite ir hacia un lugar más íntimo, más personal, donde aparecen esas pequeñas historias, los vínculos, las dudas, las cosas que uno va viviendo.

Entonces me interesaba que el espectáculo pudiera moverse entre esos mundos sin necesidad de ponerles una etiqueta demasiado rígida. Que hubiera momentos más íntimos y otros más colectivos, momentos de mucha energía y otros donde la canción simplemente pudiera respirar.

Creo que eso también tiene que ver con el título: Salir del garabato. Hay distintos trazos, distintos colores, distintas maneras de dibujar, pero finalmente todo termina formando una misma imagen. Y en este caso, esa imagen se construye con todos esos lenguajes que me acompañaron y que siguen formando parte de mi manera de hacer música.

La narrativa del viaje va desde ese primer «ruido interior» hacia la alegría compartida. ¿Qué rol juegan los invitados especiales y la presencia del público en la sala para terminar de darle sentido a esa salida?

Creo que los invitados tienen un papel muy importante porque ayudan a que ese viaje deje de ser solamente mío. Las canciones nacen de un lugar bastante personal, de esas cosas que uno va procesando por dentro, pero cuando aparecen otros músicos, otras voces y otras maneras de interpretar, el universo de las canciones se empieza a ampliar. En el espectáculo justamente está pensado ese diálogo con músicos e invitados de la escena montevideana, que aportan nuevos colores y texturas al recorrido.

Y después está el público, que para mí es fundamental. Porque una canción puede existir durante mucho tiempo en una habitación, en un ensayo o en un escenario vacío, pero recién cuando alguien la escucha empieza a completar su sentido. Cada persona llega con su propia historia y seguramente escucha determinadas canciones desde lugares muy diferentes a los míos.

Por eso me gusta pensar que Salir del garabato no termina cuando termina el trabajo de composición o cuando empieza el show. Se termina de dibujar ahí, en la sala, entre los músicos y la gente. Esa salida del garabato es justamente pasar de algo que nació de una experiencia muy personal a algo que puede convertirse en una experiencia compartida.

Y si el recorrido empieza con ese ruido interior, con esas cosas que uno tiene dando vueltas, la alegría aparece justamente cuando descubrimos que no estamos solos en eso. Que aquello que parecía tan propio también puede resonar en otro. Y ahí la canción deja de ser solamente mía.

Para quienes están leyendo esta nota y aún no conocen tu propuesta, ¿qué les dirías para invitarlos a que vayan este 23 de agosto a la Balzo?

Les diría que vengan con ganas de escuchar canciones, pero también con ganas de dejarse llevar un poquito por el viaje. SALIR DEL GARABATO es un espectáculo muy personal, pero justamente busca encontrarse con quienes están del otro lado. Hay canciones nuevas, historias cotidianas, momentos más íntimos y otros donde la música toma otra energía, siempre con una banda de músicos increíbles e invitados que le van poniendo distintos colores al recorrido.

Y sobre todo, les diría que no hace falta conocer previamente mi música. Si alguna vez sintieron que una canción podía contar algo que les estaba pasando, o que una historia pequeña de todos los días podía convertirse en algo especial, creo que van a encontrar un lugar dentro de este espectáculo. Así que los invito a que nos encontremos el 23 de agosto en la Sala Hugo Balzo. Yo voy a llevar mis canciones y mis garabatos, y después vemos entre todos qué dibujo aparece. Creo que esa es un poco la gracia del show: llegar con algo que empezó siendo muy mío y terminar compartiéndolo con ustedes.

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