Voz y compositor de la banda ecuatoriana Guardarraya, Álvaro Bermeo desembarca en el Río de la Plata para recorrer un cuarto de siglo de trayectoria. Con una poética atravesada por la ternura, la ironía y la crónica cruda de la vida cotidiana, el cantautor llega al Centro Cultural Terminal Goes con una propuesta electroacústica que repasa los temas fundamentales de su grupo e introduce las canciones de su etapa solista.
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Después de más de dos décadas al frente de Guardarraya, la decisión de construir un camino solista suele responder a una necesidad de despojo. ¿En qué momento sentiste que esas canciones pedían una atmósfera más íntima y cómo fue el proceso de presentar tu voz fuera del formato banda?
No necesariamente y no es mi caso, no lo veo como un despojo, más tuvo que ver con el hecho de que mis hermanos de Guardarraya con el pasar del tiempo priorizaron otras facetas de sus vidas a la musical, me refiero a la familia, trabajos, etc. Eso hizo que se me empiecen a encharcar las canciones nuevas que componía y cuando el agua se encharca se pudre y la vida se muere, salir sólo a tocar se volvió un tema de vida o muerte artística y existencialmente hablando.
En tus letras habitás una «herida clara» donde la ironía, la vulnerabilidad y el retrato de un Quito emocional conviven sin idealizaciones. ¿De qué manera tu entorno urbano y las vivencias cotidianas se transforman en materia prima al momento de escribir y qué valor le das a la honestidad en la canción?
Es raro, no sé si puede cantar bien sin una herida, al menos no como a mí me gusta oír cantar, no entiendo bien por qué, parecería otra burla de Dios. En efecto la vulnerabilidad existencial me ha ocupado siempre y es trasversal en mi composición, me llama la atención cómo vivimos nuestra cotidianidad desde una orfandad profunda, sin saber de dónde venimos y a dónde vamos, la gente religiosa lo soluciona desde su dogma, pero yo no soy religioso, solo creo en Dios cuando el chuchaqui (la resaca) es muy fuerte.
Mi mayor orgullo es representar de manera espontánea y genuina a mi ciudad y país en mis canciones, Quito fue, es y será una fuente inagotable de inspiración, pero no solo la ciudad, también su entorno natural de nevados, lagunas, ríos y bosques. Quito es una ciudad que está a 2850 msnm, hay menos oxígeno, te mueres un poquito cuando llegas a Quito, pero eso te permite estar un nivel espiritual diferente y, para los que se mueren, tenemos recetas milenarias para resucitar.
En mis canciones, como compositor, me percibo como un fotógrafo, paisajista y ladrón de cotidianidades, de sus personajes, de sus esquinas y veredas, de sus virtudes y miserias, de sus historias; sin embargo, hay veces que de mi ciudad también me olvido y me aruño por dentro y emprendo un viaje cósmico por mi existencia, el “Payaso Andrés” sería una canción ejemplo de lo que digo.
En cuanto a la honestidad creo que tiene el mismo valor y peso que en cualquier ámbito de la vida, no concibo una circunstancia donde me gustaría que sean deshonestos conmigo. En el performance artístico musical prefiero la sucia visceralidad y hasta el error que la asquerosa pulcritud de lo postizo.
Tu propuesta actual se sostiene en un formato electroacústico junto a un ensamble que cruza distintas generaciones de músicos. ¿Cómo diseñaron la sonoridad de este espectáculo para que el diálogo entre lo acústico y lo electrónico mantenga el peso de la palabra sin recargar la atmósfera?
Nunca trabajo tan racionalmente, es un tema más de sensaciones, de llevar la canción al ensayo, compartirla con mis compañeros e ir viendo qué funciona, qué nos gusta y que no, de dejarla madurar, obviamente la última palabra como dueño de los temas soy yo, pero confío mucho en mis amigos y dejo a criterio de cada músico lo que pueda aportar y si algo me hace cortocircuito lo digo.
La letras siempre me distinguió dando gracias a la “santísima trinidad” y siempre en mis shows deberán tenar el peso suficiente para que se entiendan muy bien, si no se entiende lo que digo la canción pierde mucho. Lo mío son cuentos breves musicalizados.
Esta gira por el Río de la Plata celebra 25 años de recorrido artístico e incluye paradas en Buenos Aires y Montevideo. ¿De qué forma dialoga la memoria afectiva de tus canciones con el público rioplatense y qué vasos comunicantes encontrás entre la canción de autor ecuatoriana y la tradición musical de nuestra región?
Nos unen muchas cosas lo que no quiere decir que seamos iguales, comenzando por la historia, el idioma, las guitarras españolas como instrumento protagonista de nuestro folclor, nuestros sueños de desarrollo, nuestra posición periférica el orden político internacional, la intromisión perenne de la CIA, el fútbol, entre tantas otras cosas.
Adicionalmente, todos sabemos el peso que tiene la industria cultural argentina y su impacto en el continente de habla hispana, al igual que desde el norte Méjico, estamos familiarizados con sus artistas, personajes políticos y sociales.
En lo que al Uruguay respecta te podría contar que vamos a hacer un cover de Los Olimareños, una canción que me reservo el nombre y que le escuchaba cantar a mi mamá cuando era niño; es decir, voy a cantar en Uruguay una canción uruguaya que es una de las canciones favoritas de mi mamá, pensar eso me sacó lágrimas el otro día estando solo en mi casa.
Más grande conocí a Zitarrosa, me identifiqué con su desgarro y alcoholismo, el Violín de Becho me mató. He tenido la suerte de compartir 2 veces escenario con el Cuarteto de Nos y envidio a Drexler. Hace mucho que quiero conocer Montevideo y llegar a tocar es otro sueño hecho realidad gracias a la música lo que lo hace más especial.
Mirando hacia el horizonte de tu carrera solista en este cuarto de siglo de canciones, ¿en qué momento de producción te encontrás y hacia qué búsquedas o conceptos estás orientando tu próximo material discográfico?
A pesar de venir de un país pequeño con una industria musical incipiente he logrado vivir de la música, he podido ser libre en el sentido de que logré volver mi oficio mis canciones y mis letras, cuando me subo al escenario actúo de mi mismo, eso es una suerte de bendición porque, además, no sé hacer otra cosa.
Cuando uno es guambra (joven) y formas una banda, consciente o inconscientemente quieres ser los Roling Stones, los menciono por lo que significan no porque sean importantes para mí, no lo son; sin embargo, nunca me ha llamado mayormente la atención el mainstream, los grammy, el glamour de la alfombra roja, etc., de la música me atrajo la música y la bohemia donde se desarrolla, la noche, el vértigo del escenario, el convivir con brujas y fantasmas, la vanidad ver llegar a las musas y duendes a tu show, la amistad y el amor.
Por un tema de realismo y de personalidad, soy consciente que hago una música media rara que no guarda relación con lo que demanda la industria, tengo un sin número de defectos, entre otras variables que tienen que ver con que te conviertas en Shakira o Soda Stereo.
Si te pido que me des 5 artistas mexicanos me puedes dar 20, pero si te digo que me des 3 artistas nicaragüenses te voy a complicar, eso no es un tema de determinismo geográfico sino de industria y mercado que puede promocionar y difundir a sus artistas. Obviamente existe la opción de desplazarse a esas mecas de la música buscando “el sueño americano”, pero no es mi plan en este punto del partido, mi sueño ecuatoriano es más simple y tranquilo.
Lo antes dicho sumado a mi edad (49), tuve mi primer hija hace 1,3 meses, me hace estar en un momento especialmente introspectivo a nivel personal y en lo referente a mi país, estoy más interesado en seguir haciendo música que me salga del culo y que nadie me joda, tocar, hacer nuevos discos, hacer conciertos, eventualmente viajar a destinos más lejanos a presentar mí música, recibir el cariño sincero y fugaz del público, y de gente que no has visto nunca y verás jamás, me llena de orgullo que mí música me haga conocer diferentes lugares; pero también quiero tener tiempo para no hacer nada, para estar con mi mujer y mi hija, para montar bicicleta con mis perros, para leer y escribir, para ayudar, para joder al presidente de turno de mi país y de los EEUU.
Eso de girar es cansado, suena lindo, pero es bien sacrificado, la gente que lo ha hecho sabe de qué hablo, dando gracias a Dios siempre hubo la opción de beber o drogarse, para mi desgracia en este punto mi salud prácticamente ya no me lo permite, la señora muerte me tiene advertido y la muerte siempre me ha parecido una señora tan hermosa.
Para quienes se han identificado a lo largo de los años con tus letras y para quienes se acercan por primera vez a tu obra, ¿qué universo emocional y qué clima se van a encontrar al asistir a esta función en el Terminal Goes?
Se encontrarán con todo lo que dije antes y con un artista que tratará de tocarte con melodías y ritmos, y en dónde curiosamente, a pesar de estar a 5km de distancia, te encontrarás en letras e historias que te divertirán en una noche de bohemia, yo soy un diablo quiteño, me criaron brujas mirlos y fantasmas.
Para los otros, ellos ya me conocen, saben a lo que van.



