El Asilo de la Bestia presenta «Paradisus Unplugged»

La banda viene con un crecimiento sostenido de estar preparando una Trastienda, de haber participado en Bandas en Red y de participar en la Semana de la Cerveza en Santa Lucía ¿Cómo están viviendo este momento tan particular?

Este momento nos agarra trabajando como siempre –armando cosas, pensando otras, siempre activos, en esencia– porque nos gusta y nos divierte hacer música y tocar.  Siempre concebimos la música como un camino –no sabemos exactamente hacia dónde– pero siempre intentando ir más allá. Es como una actitud que seguimos siempre en El asilo, cruzando lo musical con el trabajo (extra musical) que estamos obligadas a hacer todas las bandas emergentes. Desde 2021 en que debutamos en vivo hemos ido quemando etapas, fuimos escalonadamente, desde un Complejo Midas, una Sala Camacuá, una Sala Hugo Balzo (del SODRE), y nos parecía que nos quedaba ir más allá, y en esa estamos. Siempre priorizando lo musical, que es el motor inmóvil que nos sacude. En ese sentido estamos inmersos en un proceso creativo de composición y sobre todo una reinterpretración de nuestras canciones. La reapertura de La Trastienda nos abrió una posibilidad de llevar adelante una idea que teníamos hacía mucho tiempo, un espectáculo partido en dos escenarios. Dos caras de una misma moneda, un asilo acústico, minimalista, abierto a nuevos sonidos (Sala Corchea), y un asilo más caótico, distorsionado, aunque con muchas sorpresas (La Trastienda). Paradisus et infernus se desarrolla en estos dos escenarios entre julio y noviembre.

En julio llegan a la Sala Corchea con “Paradisus Unplugged” en formato electroacústico, ¿Qué se va a encontrar el público y qué implica este desafío para ustedes?

La idea de este Paradisus surge hace mucho tiempo, desde que armamos el espectáculo del SODRE (Rara Avis), en el que experimentamos con una orquesta y reinterpretamos nuestros temas. Esa reinterpretación nos transportó hacia determinados sitios novedosos, en los que lo acústico parecía cobrar una nueva dimensión. Ahí nace Paradisus, relacionado indefectiblemente al Infernus, como las dos caras de Jano, el dios bifronte romano, como una necesidad de dualidad muy propia del ser humano.

El paraíso –por cierto– es un lugar hermoso según las escrituras, pero demasiado pequeño para todos. Entran solo algunos, he ahí una categorización muy hija del cristianismo. El Paradisus será justamente la Sala Corchea, una hermosa sala, en la que no entran todos, sino un grupo de elegidos. El Asilo de la Bestia se presentará en formato desenchufado. Se entrecruzan canciones viejas, nuevas y versiones en una conformación distinta.

Entre canciones nuevas, viejas y versiones, ¿cómo arman el recorrido del show para que tenga sentido dentro de esta experiencia más cercana?

El espectáculo busca ser integral, narrar una historia en clave musical pero asido a otras artes. La idea es que sea un viaje sensorial desde varios puntos de vista, incluso visual. La gente se va a encontrar con versiones muy distintas de nuestras canciones y varias sorpresas. El trabajo de deconstruir las canciones distorsionadas y diríamos “pesadas”, fue un proceso muy interesante, que nos abrió nuevos riffs, nuevos ambientes, nuevas cadencias. No es solo cuestión de apagar el pedal de distorsión, cambiar baquetas por escobillas o sentarnos, es repensar las canciones y deconstruirlas. Un proceso divino. Esperamos que la gente se cuelgue con estas versiones de las canciones y con la historia con narramos.

¿Cómo es llevar adelante una propuesta de rock visceral en Uruguay? ¿Cómo ha sido su recorrido y cómo lo ven hoy?

Las etiquetas son solo eso, etiquetas. Es como cuando alguien te pide definirte, pues quien te define te termina por limitar. La idea del adjetivo visceral siempre fue tratar de corrernos de los estilos musicales, dado que siempre te preguntan qué estilo tocas y a partir de eso te parcelan, te colocan en determinados compartimientos estancos en general. Nosotros siempre nos definimos como una banda de rock, lisa y llanamente y sin muchas etiquetas. Quizás la idea de rondar la esencia humana en nuestras letras, de presentar al ser humano como el resultado de una dualidad natural y no con determinados grados moralizantes, nos acerque a lo visceral en lo discursivo. Quizás visceral es una utopía, un deber ser constante que se convierte en motor de nuestra creatividad.

 ¿Algún mensaje que les gustaría dejarle a quienes aún no los conocen?

Siempre intentamos pensar en los que no nos conocen, que son una mayoría abrumadora, lejanos a nuestra propuesta. Solo les podemos pedir la oreja. Es difícil hoy en día una escucha profunda de una banda nueva para cualquiera, estamos en un tiempo extremadamente rápido, acelerado, de reels, de shorts, de hedonismo militante, en el que solemos disfrutar de contenidos light bajos en azúcar. En ese contexto, hay un cumulo enorme de hermosas bandas, trabajando en una especie de contracultura de espaldas a muchas de estas tendencias. En este contexto, la idea es poder mostrar lo que uno hace con tanto cariño. Pedimos esa oportunidad.

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CARTELERA

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